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martes, 14 de julio de 2020

Es que me pagan por hablar solo

Pensando en cómo promocionar mi trabajo como locutor, me he puesto a construir un guion para hacer un nuevo demo, ya con más experiencia; tengo uno de hace algunos años, que se puede escuchar aquí.
Con esa misma idea, antenoche me dediqué un rato a explorar la red en busca de promociones que tuvieran mi voz, para hacer una especie de portafolio, y encontré varias. En el extremo derecho de este blog (en la versión web) hay ahora una barra permanente con vínculos a varios de esos trabajos. En esta entrada pequeñita quiero hablar muy brevemente sobre algunos de ellos.
  • Semen de toro: Primero este, para llamar la atención. Un amigo que trabaja con caballos y ganadería me buscó para un comercial sobre cebúes brasileros en el marco de una feria. Siento que quedó satisfactoriamente contundente.
  • Neveras inteligentes: Algo de juguetón en la intención me gustó en la versión para hogar, y también el timbre ligeramente más serio que quedó en la versión para empresas.
  • American School Way: Una publicidad en la que, además de que hablo en inglés, aparezco físicamente, con el nombre cambiado por ser un personaje ficticio.
  • Congreso COLFECAR: Le hago promoción a un evento que sucederá el próximo mes.
  • Desinfectante contra el coronavirus: Ante todo, hay que estar en el momento histórico.
  • Allianz: Un trabajo con una empresa grande, promocionando su informe de sostenibilidad; y, ya que estamos, otra cosilla verde..
Además, cualquiera de los vínculos que llevan a YouTube conduce a una lista de reproducción que incluye algunos otros trabajos. Y está la barra de vínculos aquí a la derecha, que iré agrandando a medida que salgan más proyectos y logre encontrar otros que ya hayan salido. También estoy pensando en subir con frecuencia algunas lecturas de cuentos y poesía.

También, claro, debo destacar a mis productores de audio, Mateo y Manuel, que lo dejan todo limpio y reluciente como si hubieran usado Bioxy. Por ahora no es más; me iré a seguir hablando solo, que para eso me pagan. Dormid bien, y soñad con publicidad y música de galería.

sábado, 24 de julio de 2010

Idioma paz

En coincidencia con las fechas de elecciones presidenciales del año 2010 en Colombia, y recordando lo que logró la Séptima papeleta en el año de mi luz, un nuevo proyecto de nivel nacional se está esparciendo. Se le llama Mandato por la Paz; lo conozco debido a mi trabajo con la Personería de Bogotá, y he tenido ganas de participar en él; aún las tengo. Este artículo sin cháchara introductoria y con pocos chistes de ocasión lo escribo para presentar seriamente las razones por las que no lo he hecho, la propuesta de cambio que tengo y el comprometedor trabajo que en ella desempeñaría.

Espero no ser la única persona que quedó aguardando más discurso cuando se le presentó el proyecto. Me hablaron de él, y hubo dos cosas que no encajaron bien en lo que yo categorizaría como proyecto político o social de amplitud nacional. La primera que menciono es la segunda que surgió y es la menos relevante de las dos, pero más tarde servirá como desvío hacia mi propuesta; se trata del exceso de parsimonia y ritualidad en que consiste la propagación directa del Mandato, y se complementa con la mención de que incluso la firma con la que cada quien se compromete a divulgar el proyecto es simbólica casi en absoluto, cosa que fue efectivamente dicha por las cabezas organizativas; la incompleta pertinencia de esto será tratada más adelante. La segunda objeción es la que fundamenta la presente réplica; es, principalmente, que los objetivos específicos están incompletos, y el hueco es grande, pero para explicarla bien me extenderé un par de párrafos.

Cuando se me mencionó Mandato por la Paz comencé a sentir que flotaba por encima de las nubes y a esbozarme un paraíso; cuando se habló de recolectar firmas y repartir volantes, y cuando unos amigos me comentaron que hicieron tal cosa bajo la lluvia, descendí un poco y entendí que para subir a ese paraíso necesitaba primero estar debajo de las nubes. Seguía, sin embargo, muy arriba. De allí no bajé más, y nunca descendí suficiente: me quedé esperando a que me pusieran en un punto que no incite al vértigo. Quiero con esto decir que la propuesta está muy abstracta en este sentido:

Su objetivo es claro: comprometer al presidente electo con el artículo constitucional que reza: «22. La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento.», que por demás forma parte del capítulo De los derechos fundamentales. El hecho de que el presidente represente al pueblo no significa, por supuesto, que de su concepto de paz dependa nuestra armonía futura. Significa, por el contrario, que de nuestro concepto de paz dependen sus acciones en ese sentido, sin importar si sus ideas al respecto coinciden. ¿Pero cuál es el concepto de paz de los colombianos como pueblo? Eso no existe, por una razón de naturaleza semántica y moral: En una conferencia dada por Timothy Reagan el año pasado titulada The Construction of Language, se cita la siguiente aseveración del historiador Carl Lotus Becker:
Cuando me topo con una palabra que no me es familiar en absoluto, me parece una buena idea buscarla en el diccionario y encontrar qué piensa alguien más que significa. Pero cuando tengo que usar con frecuencia palabras que son perfectamente familiares a todo hombre, palabras como causa, libertad, progreso y gobierno; cuando tengo que usar palabras de esta clase, que todo el mundo conoce perfectamente bien, lo más sabio que puedo hacer es tomarme una semana y pensar en ellas. “Idioma” es un caso maravilloso, a mi modo de ver, de palabra para tomarse una semana. Es uno de esos términos que usamos todo el tiempo y asumimos que sabemos lo que queremos decir con ellos. [No sé cuál es la publicación de origen. La traducción del inglés es mía.]
Para el caso, imaginad que la palabra “idioma” es sustituida por “paz”. He ahí el problema del término. La tesis de la conferencia es “no existe cosa alguna llamada inglés” (there is not such a thing as English), como idioma, y esto lo generaliza para cualquier lengua. Su sustento principal es la cita anterior, que evidencia la indefinición del concepto mismo de “idioma”. (Hay un problema de traducción que resuelvo en este paréntesis: en inglés existe la feliz coincidencia, feliz para este caso, triste para otros, de que “language” significa tanto “idioma” como “lenguaje”. Me pareció, dada la tesis, que el primer término resultaba mejor aquí.) Y así como no existe algo llamado español, una lengua de igual naturaleza conceptual en más de un individuo, tampoco existe el idioma “paz”. Sin embargo, todos tenemos una idea de lo que es; cada quien, luego de su semana libre, le ha dado un significado. De allí, y de que la Constitución lo exige, que sea necesario construir un concepto de paz para Colombia. Si hemos llegado a acuerdos de tanta aceptación como la Declaración Universal de los Derechos Humanos o, aquí adentro, la misma Constitución de 1991, creo que se puede establecer una idea general y generalizadamente aceptada de lo que entendemos por paz. Que resulte una larga lista de ideas sueltas, un discurso argumentativo o una síntesis de tres palabras depende ya del método y de los participantes.

Insisto en que quiero trabajar con el proyecto. Los amigos que han estado activos me comentan que son llamados a horas novelescas para asistir a jornadas de repartición de volantes y recolección de firmas; y a pesar de que considero esto importante, pues un proyecto nacional sin firmas ni respaldo es una rana coja (o peor, una cana roja), no es el tipo de trabajo para el que me haría miembro activísimo del equipo; lo haría, claro, pero durante los ratos libres del horario de oficina que me impondría la siguiente propuesta. Me preguntaba yo, mientras lavaba la loza (porque qué mas se hace en esos momentos), cómo trabajaría en el proyecto, y me imaginaba leyendo informes, y redactando síntesis, y enviando cartas, oficios y memorandos desde las cumbres de un escritorio atiborrado; un trabajo organizativo. Recordemos que el resultado depende del método. Fue entonces cuando, completando el tercer párrafo, caí al suelo amortiguado por voces ávidas y resmas y resmas de papel; mi imagen significante de Mandato por la Paz dejó de ser una pluma flotante del ave más aburrida que exista y se convirtió rápidamente en algo duro, bonito, diverso y teleológico, como un anillo de topacio y corindón.

Recordé la conformación altamente participativa del Plan Nacional Decenal de Educación, que recogió ideas de todas partes y por muchos medios, generó representatividades y consolidó un documento de construcción democrática; yo estuve ahí. Pero ¿por qué generar nuevas representaciones si ya existen unas seleccionadas por votación popular, o sea, al menos en principio, aceptadas? Se usen ésas o se generen otras, el trabajo de recolección de firmas tendría una nueva tarea, una concreta: preguntar a cada transeúnte abordado: «¿Qué piensa usted que es la paz?»; por ése y otros medios se terminaría construyendo un documento final. Yo me ofrezco como recolector y organizador. Así el proceso es menos simbólico; yo mismo, como estudiante de matemáticas y estudioso de la lingüística, la semántica y la semiótica, sé que los símbolos son una cosa muy importante; pero fuera de sus propios campos de estudio, en los procesos reales, deben subordinarse a las entidades y, sobre todo, a las acciones que representan. Mi posición al respecto esta expresada en el artículo Caminando con los dedos.

¿Para qué el documento final, y por qué declaro con tanta seguridad que no es algo simbólico sino una acción concreta? En primer lugar, para que el presidente electo Juan Manuel Santos, cuando reciba el Mandato este 7 de agosto de 2010, no nos haga depender de lo que él entiende por paz, sino que haya ante qué reclamarle legalmente en caso de que no atienda la idea del pueblo. No pretendo, desde luego, que en las dos semanas que quedan se tenga consolidado el trabajo; pero en cuanto esté listo se le lleva al presidente y se le dice: «Mire, usted se comprometió con esto.» En segundo lugar, porque si existe un concepto definido de paz, todo mandatario, y todo ciudadano, va a tener obligación de cumplirlo, porque la constitución lo dice y se va a saber a qué se refiere exactamente cuando lo dice. Así, incluso —y disculparán los gestores—, el Mandato resultará un objeto protocolario dispensable.

Propongo ese cambio de enfoque, y lo dirijo a Pablo Rueda & children, cabezas iniciales del Mandato, si no me equivoco; ofrezco mi tiempo, mi paciencia burocrática y las habilidades discursivas que se me quieran admitir. Me presto para discutir este orden: Bien sea apelando a ediles, alcaldes, concejos, gobernaciones y senado, o inventando un complicado sistema cuya financiación requeriría mucho tiempo y varios proyectos adicionales, la misión del Mandato por la Paz sería impulsar una actividad masiva y democrática de manera que en adelante se dedique a hacer veeduría y codear por el costado a las entidades que laboren en la construcción de un papel oficial que diga: «Esto es la paz para los colombianos, dos puntos…» Punto.

domingo, 10 de enero de 2010

Acto segundo: Primera parte

Dramatis personæ

Adrián Martínez París – El autor de este blog. 
Kímaro – Mi acompañante imaginario (ya tendrá entrada propia).
Muchacho – Un tipo que aparece en el video.

(Luces apagadas. Una tenue luz gris se enciende lentamente desde la izquierda. Adrián en el centro del escenario, sentado; pantalón gris, correa negra, zapatos negros –calcetines grises, desde luego–, polo gris, bufanda negra y la chaqueta de la promoción 2007 del IPARM, talla L.)

Adrián. – No os distraiga el título de esta pieza. No significa que sea ésta la primera parte de una entrada doble. “Primera parte” es el título del acto segundo (es decir, la segunda parte) de una entrada múltiple, aún no sé qué tanto. La primera parte (es decir, el acto primero), es la llamada y remitida Rol: Red.

Ahora os presento a Kímaro… No, no podéis verle. De hecho, yo mismo no le veo muy a menudo. Pero hablo con él a diario… tal vez demasiado. Se mantiene dentro de mi mente y no en el mundo exterior. Os lo describiré luego. Y ahora me disculparéis, pero voy a hablar con él y me voy a dirigir a él. Podréis escuchar su voz, desde luego. Una voz ronca y elegante, no muy gruesa.

(A Kímaro.) Verás. Cualquier cosa que veas, que sientas, que percibas con tus sentidos… Ah, no tienes sentidos… Bueno, con mis sentidos, en algún momento no existía. También, y con mayor razón, todo aquello que concibes con tu pensamiento estuvo ausente alguna vez. Y, eventualmente, llegó a existir. Tuvo un comienzo. Tú, por ejemplo, comenzaste a existir cuando decidí competir contra mí mismo. Mejorar ciertas habilidades. Has de recordarlo, ¿no? Claro, tu memoria es la misma mía; a veces es incluso mejor. Además sabes que soy alguien comparable con Leonardo da Vinci como «hombre de principios»: casi todo lo dejo comenzado. Últimamente he estado mejorando en ese aspecto. Logré terminar, en tiempo récord, La Isla de Teorema, por poner un caso (bueno, sin contar que quedó sin ilustraciones y sin el apéndice que me había propuesto). Tal vez sea porque ahora emprendo menos acciones que antes, pero creo que no es eso lo que pasa. Creo que lo que pasa es que ahora me tomo más en serio mis responsabilidades. Al menos las de afuera de la universidad.

Kímaro. – ¿Como qué? ¿Este blog y la constante lectura?

Adrián. – Tal vez. Pero ésas son cosas de siempre. No resisto sin leer y sin hablar solo. Al fin y al cabo tener un blog es otra forma de hablar solo en público; como si no lo hiciera de todos modos. Me refiero sobre todo a enfocar mis lecturas y mis estudios en general hacia cosas más concretas, y sin embargo variadas. Como vivir en idioma italiano estas vacaciones o escribir artículos de temas concisos como el inmediatamente anterior a éste; artículos que exijan estudio.

Kímaro. – Y vaya que quedó largo el artículo anterior. Pero éste no exige estudio.

Adrián. – No. Ya iba para eso. Otra de las responsabilidades que me he estado tomando en serio es la de trabajar con la Personería. Para escribir sobre eso no necesito estudiar ahora, pero sí haber trabajado.

Kímaro. – Y la perorata sobre “el comienzo” es porque…

Adrián. – Exactamente. (Pone voz de narrador de cuento infantil.) Relataré la historia de cómo comenzó todo en aquel lugar. (Pone voz de narrador de documental. Al público. El tono de voz se va normalizando al compás de lo que se dice.) En ese tiempo el personero de Bogotá no era el señor Francisco Rojas Birry, que tiene hoja de vida pública e imagen de estampilla, sino un tal Herman Arias Gaviria, un desconocido al que nunca vi ni escuché y cuya imagen ni por la red he podido encontrar.  Sé quién era porque los permisos para el colegio llegaban con su nombre y su firma. En ese tiempo el proyecto de personeros estudiantiles no estaba adscrito a la Personería Delegada para Educación, Deporte y Cultura, donde encaja muy bien y donde el personero delegado, Luis Federico Duarte Beltrán, se deja ver e intervenir, sino a la Personería Delegada para los Derechos Humanos, donde tampoco queda mal y donde no conocí a la personera delegada, ni recuerdo su nombre. De la misma manera, en ese tiempo el proyecto no lo dirigía Yolanda Zapata, que estuvo este año y cuya reciente reasignación a otro lugar lamentamos, sino Juan Carlos Méndez, un hombre soez y autoritario –más bien mandón– que con ello impelía eficacia.

En ese tiempo tampoco era yo el personero de mi colegio, y nunca lo fui. La personera era una amiga mía. Resultó elegida en la localidad de Teusaquillo, junto con otros personajes que ya han sido presentados aquí –Andrés Suárez y Laura Jiménez– (una imagen de cada uno es proyectada por un momento) y otros que no –David Atehortúa y Laura Duarte–, para trabajar en la Mesa Distrital de Personeros Estudiantiles (todo el cuento de cómo se organiza esto está en el primer acto). Y yo me colé sin autorización a la primera reunión y de entonces en adelante a casi todas, ya autorizado. La Red de ese año se dividió en cinco Ejes Temáticos, a saber, Convivencia familiar, Escenarios para la paz y la convivencia, Política Pública de Juventud, Plan Decenal de Educación y Derecho a la diferencia. Yo, con una hermosa carrera de docencia como sueño, opté por supuesto por el Plan Decenal de Educación, y la localidad entera quedó allí incluida en compañía de Mártires, Candelaria y Bosa (y a la vez casi sola porque la única persona de fuera de Teusaquillo que trabajó activamente fue una chica de Mártires, María Fernanda López).

Kímaro. – ¿En serio piensas que trabajó tanto como vosotros?

Adrián.(A Kímaro.) No fue eso lo que dije. Además, ella por lo menos asistió a la Asamblea Nacional. Pero eso va más tarde, déjame ir en orden. (Al público.) Yo no sé a qué nos dedicamos durante todo el año. Nos reuníamos más o menos cada dos semanas y nos separábamos por ejes temáticos para trabajar. No sé qué hacían los demás pero mi grupo se dedicaba a explicar a los nuevos qué es el Plan Decenal de Educación; todas las veces, o casi. Al final cada grupo pasaba y decía lo que había hecho. Nosotros por lo general pasábamos a explicar el Plan decenal de Educación. Veamos, ¿quién de los presentes sabe lo que es el Plan Decenal de Educación?

Kímaro. (Emocionado.) ¡Yo, yo sé, yo sé!

Adrián.(A Kímaro.) Tú no cuentas. Pero como sólo oigo esa vocecilla interior que replica emotivamente «¡Yo, yo!», supongo que tendré que hacerle caso. Yo sé lo que es. Pero voy a dejar que tú lo expliques. Adelante.

Kímaro. – Primero, hago una aclaración: si él lo sabe, yo lo sé. Es la ley natural de los acompañantes imaginarios. (Pone voz de presentador de El boletín del consumidor. Le es fácil careciendo de cuerdas vocales reales.) El Gobierno Nacional, en concordancia con el artículo 72 de la Ley General de Educación (Ley 115) está obligado a concurrir cada diez años en la realización colectiva de un plan de mejoramiento educativo en la que todo ciudadano tiene derecho a participar, y además debe incentivar la participación ciudadana. El documento que surge como producto de esta construcción es llamado Plan Decenal de Educación. En una encuesta realizada por personeros estudiantiles en el año 2007, aunque la mayoría de los abordados coincidieron en no saber de qué se trataba, un joven estudiante logró definirlo en palabras sencillas:

Muchacho.(Voz en off. Su fotografía aparece en el fondo del escenario.) El plan es algo que se hace cada diez años para estudiar cómo se está educando a los jóvenes en Colombia y mejorarlo.

Kímaro. – En esta ocasión el Plan fue dividido en diez ejes principales, listados en un artículo anterior (hacia el final, en letra cursiva). Tenemos con nosotros al autor de ese escrito, quien nos hablará sobre lo que en él se menciona acerca del Plan Decenal. Señor Martínez, adelante.

Adrián. – Gracias, Kímaro. (Al público.) Pues la verdad lo que se dice allí del Plan es muy poco; lo que menciono es el hecho de que alguna vez hicimos un video al respecto, como trabajo de la Red, para mostrar en el IX Congreso Distrital de Personeros Estudiantiles. Incluso podemos mostrarlo, que para eso acabo de cargarlo a YouTube, pero quiero antes hacer unas anotaciones. Ahí dice que yo era personero estudiantil, pero ahora sabéis que no es cierto. También quiero disculparme por la gripa de mis intervenciones en off. Y por el exceso de barba y el pelo partido a la mitad; son dos cosas que ahora no soporto. (Se apagan las luces. Baja un manto blanco y liso sobre el que se proyecta el video que viene a continuación.)

        
En una oficina bien decorada y bien organizada de Chapinero, un tipo muy buena gente, contratado por la Personería y que había estado viajando con todos los grupos para hacer los cinco videos (luego cargo el resto), estuvo con nosotros toda una noche realizando la edición de éste; grabamos las voces en off, organizamos las escenas, metimos la música, comimos empanada, vimos revistas (sobre todo la edición de SoHo en la que aparece Liliana González), charlamos, no dormimos, y nos distrajimos más bien poco del objetivo. Terminamos a eso de la una de la mañana del día en que el resultado de mi admisión a la Universidad Nacional de Colombia sería develado. Llamé a mi casa a informar de mi situación y mi mamá aceptó muy acomedidamente pasar a recogerme; me extrañó que accediera a hacerlo a esa hora: y es que yo había sido admitido a la Universidad, y ellos se enteraron antes; claro, no me contaron y esperaron a que yo mismo revisara.

Como dice Laura en el video, participamos en la Asamblea Distrital y en la Asamblea Nacional por la educación. A la Asamblea Distrital llegué tarde y apenas pude escuchar unas pocas intervenciones y encontrarme casualmente con la entonces directora de mi colegio. Luego, Andrés consiguió cuatro cupos para nosotros en la Asamblea Nacional para el Plan Decenal de Educación. La Asamblea duró cuatro días; nos dividíamos en mesas de trabajo según los diez ejes del Plan. Yo quedé en la mesa 41, que trataba el eje número once. Es decir, llenando el hueco que faltaba en cuanto a la presentación del Plan: misión, visión y propósitos. Mi participación fue mediana, algo baja, pero logré hacer un par de contribuciones al texto. Las cito subrayadas para sentirme importante.
  1. «Visión […] La educación es un proceso de formación integral, pertinente y articulado con los contextos local, regional, nacional e internacional que desde la cultura, los saberes, la investigación, la ciencia, la tecnología y la producción, contribuye al justo desarrollo humano, sostenible y solidario,…» Insistí para que esta palabra fuera incluida; desde luego, no me refiero sólo a la producción como entidad capitalista, sino también, y sobre todo, a la producción artística, a la producción intelectual, y a todo lo que pueda entenderse por “producción” en el sentido de mejoramiento de un país.

  2. «Propósitos […] 2. La educación en su función social, reconoce a los estudiantes como seres humanos y sujetos activos de derechos y atiende a las particularidades de los contextos local, regional, nacional e internacional, debe contribuir a la transformación de la realidad social, política y económica del país,…» Alguien había dicho que se descartara aquello de “internacional” pero un poco de insistencia logró que quedara. Digo, Colombia es un solo país, por diverso en fauna y terreno que sea, y hay más de doscientos países. No podemos suponernos Corea del Norte. Y bueno, soy partidario del anacionalismo: ¿qué sentido tiene tener que pedir permiso para ir a otra parte del mismo planeta? I’m a damned prisoner of my own country!
El texto completo está en esta cartilla. Y sí, el estilo de redacción de todo el plan es ése: enlistar categorías, para que nadie se sienta excluido. Por ejemplo, el décimo propósito dice: «10. El sistema educativo debe garantizar a niñas, niños, jóvenes y adultos, el respeto a la diversidad de su etnia, género, opción sexual, discapacidad, excepcionalidad, edad, credo, desplazamiento, reclusión, reinserción o desvinculación social y generar condiciones de atención especial a las poblaciones que lo requieran.» Digo yo que podrían poner esto: «10. El sistema educativo debe garantizar a todos el respeto a la diversidad de cualquier clase y generar condiciones de atención especial a las poblaciones que lo requieran.» Así, de verdad, nadie queda excluido. Pero, claro, eso no se podía pelear en la asamblea, y además se perdería la posibilidad de dar énfasis en ciertas cosas. Así que, siguiendo con la lista de categorías, pensaba yo en aquel entonces, estando de moda el vegetarianismo, que habría que incluir “diversidad de régimen alimenticio”, porque en serio me fastidiaba cuando alguien decía en un refrigerio entre reuniones, al recibir un buen pastel de pollo, «No, gracias, soy vegetariana.» –y pasaba con frecuencia, sobre todo entre niñas. Habiéndose menguado esa moda con el tiempo, ya nada allí me fastidia, así que me quedé con el trabajo de la Red. Y todavía sigo, pasándola bueno.

Kímaro. – ¡Yo también!

(El manto blanco y liso baja de nuevo, y sobre él aparece la palabra “Comienzo”.)

Fin

martes, 21 de julio de 2009

Rol: Red (teatro con enlaces)

(De fondo una telaraña. Adrián en el centro del escenario bajo una luz cenital.)
Adrián. – Una red es una generalización de una sucesión: es decir, en vez de usar los números naturales, utilizamos cualquier conjunto dirigido, sin importar su numerabilidad.
Coro.(Voz en off.) ¡Qué!
Adrián. – …, exclamarán medio atónitos los no entendidos en matemática universitaria más o menos avanzada, no apta para ingenieros. Explico, no es tan difícil: imaginemos una fila del Instituto del Seguro Social, ISS, antigua entidad colombiana famosa por la cualidad de que, por mucho que se madrugara, siempre se llegaba allí a hacer fila en un puesto in(de)terminable. Ahora será fácil suponer que hay infinitas personas haciendo fila, y pensemos en la diligencia que va a hacer cada persona; tendremos entonces una sucesión infinita (o sucesión a secas) de diligencias –nótese que pueden repetirse–, una por cada número natural. Una red es lo mismo, sólo que el conjunto origen ya no es necesariamente el de los números naturales, sino que puede ser uno con más elementos todavía, mientras sea infinito y esté ordenado hacia el infinito. (Esta parte de “infinitos más grandes que otros” es un poco más complicada, aunque no muy difícil de explicar, pero no compete al presente artículo así que será para después.) Se dice que la red converge si a medida que nos acercamos al infinito los valores de la red (las diligencias) tienden a un elemento fijo, que llamamos límite.
En segundo lugar, una red es el elemento usado por Sir Arthur Eddington, famoso astrofísico obviamente británico de la primera mitad del siglo XX, en su libro La filosofía de la ciencia física, para explicarnos cómo funciona el método científico; el ejemplar de Tequia es editado por Editorial Sudamericana, de Buenos Aires, y traducido por Carlos E. Prélat y Alberto L. M. Lelong. La parte a la que quiero hacer referencia es el comienzo del segundo capítulo, que lleva por título Subjetivismo selectivo. He aquí el fragmento principal:
Supongamos que un ictiólogo se dispone a estudiar la vida en el océano y que para esto comienza por echar la red. Obtiene así una redada. Al observarla y tratar de sistematizar sus observaciones procede de un modo análogo al del hombre de ciencia.
El ictiólogo llega así a dos conclusiones:
1) La longitud de todos los animales del mar es de más de cinco centímetros.
2) Todos los animales del mar tienen branquias.
Estas conclusiones son ciertas respecto de su redada, y hace la hipótesis provisoria de que también serán ciertas cualquiera que sea el número de veces que eche la red.
En esta comparación que estamos haciendo la redada representa el conjunto de conocimientos que constituye la ciencia física y la red el sistema de nuestras capacidades respectivas sensoriales e intelectuales que usamos para obtener dichos conocimientos. Siguiendo con la comparación, el echar la red corresponde a la observación, pues todo conocimiento que no pueda obtenerse mediante la misma no es considerado como conocimiento físico.
“¿Así o más claro?” Sólo este fragmento da para ponerse a pensar un rato en lo poco que conocemos del mundo: ¡imaginad el libro!
En tercer lugar, una red es aquello a lo que vine es esta ocasión: una organización de personas en la que no hay jerarquías, sólo distribución y socialización del trabajo. Vengo promocionando la Red Distrital de Personeros Estudiantiles (la Personería Distrital habla de “personeros y personeras”, pero a mí no se me hace tanta vaina), con la que llevo trabajando ya dos años y medio. Es un proyecto de la Personería Distrital que forma parte del proyecto general relativo a los personeros estudiantiles: esas personitas que son elegidas a principio de año y que tan criticadas resultan al final. Pues para que sepan, al menos unas cuantas de esas personitas sí trabajan, y harto. La Red es conformada por todos los personeros de Bogotá, y cuatro personas de cada localidad son elegidas para trabajar en la Mesa Distrital, que es uno de los principales ponentes en el Congreso Anual de Personeros Estudiantiles, el segundo evento estudiantil más grande del país. (Enlazo al primero, que se ve que va a estar bien bueno este año; al menos tiene bonita publicidad.)
Este año, por ejemplo, la Mesa está trabajando cinco Ejes Temáticos, a saber: Cultura, Derechos Humanos, Educación (en el que estoy yo apoyando), Medio Ambiente y Violencia. Cada eje ha de elaborar un proyecto y realizar las actividades que impulsaron su creación. El Congreso resulta, para la Mesa, como una rendición de cuentas de lo que ha hecho en el año y que debe ser presentada a todos los personeros del Distrito. ¿Y qué tipo de cosas se hacen? Eso depende de cada grupo, pero generalmente son actividades de capacitación (buenos cursos cortos, digo yo), participación (cupos en foros, debates, asambleas y otras reuniones de ese estilo), presentación de proyectos a entidades locales, distritales y estatales (secretarías, ministerios, alcaldías…)… Y el grupo mismo hace “actividades de integración”, ya sabéis: ir al Chorro de Quevedo, al Septimazo, a comer algo por ahí,…
Os cuento algo de lo que se está haciendo este año. Derechos humanos está bien empeñado en dos actividades: una obra de teatro para presentar en colegios «con altos índices de violencia», y una capacitación en derechos humanos que se encuentra en período de convocatoria, y así se encontrará hasta que se hayan inscrito por lo menos treinta y cinco personas; si alguien está interesado –hay prioridad para personeros–, o conoce a alguien que crea que lo estaría, la convocatoria está publicada en este enlace, que da a un blog de la Red recientemente creado. Educación está estudiando (nada más obvio) los Decretos 230, que reglamentaba la evaluación y la promoción de primaria y secundaria hasta este año, y 1290, que reglamenta ahora, más el Plan Decenal de Educación, que “sugiere oficialmente” la reglamentación de toda la educación durante el periodo 2007 – 2016, esto para hacer actividades de difusión de su contenido; además está continuando el trabajo que realizaba el año pasado el Eje Temático de Manuales de Convivencia, que consiste en impulsar en los colegios las reformas del Manual que se supone que anualmente han de hacerse, y en generar propuestas para que también haya ciertas reformas en los reglamentos generales acerca de los Manuales. Sé que los otros ejes andan haciendo algo, pero no sé qué andan haciendo; disculparán los miembros, y si alguno leyere esta entrada le pido que comente con esa información.
Se supone que esta misma semana me reuniré con una amiga y compañera de la Red, precisamente la creadora del blog arriba enlazado, para actualizar otro espacio electrónico de los personeros estudiantiles: la página oficial de la Red Distrital de Personeros Estudiantiles. Pronto veréis ahí artículos escritos por los muchachos, fotografías de los eventos, información sobre la red, y todo ese tipo de cosas que hay en las páginas oficiales; eso sí, habrá que cambiar ese aire empresarial del “¿Quiénes somos?”, y poner la cuestión más juvenil (dice esto último con voz de gomelo y sacudiendo hombros y cabeza).
Este año será el XI (léase “décimo primer”) Congreso Distrital de Personeros Estudiantiles. Además de la Mesa, también son postores las redes locales y varias organizaciones juveniles de Bogotá. (Bueno, y normalmente hablan el alcalde, el secretario de educación y el personero distrital; los tres actuales, por cierto, se encuentran ocupados en resolver asuntos judiciales de damageful índole.)
No, no me pagan. Alguna vez, comenzando este año, Andrés Felipe Suárez Sastoque, estudiante de Derecho de la Universidad Nacional, miembro de la Red en 2007, colaborador actual (como yo) del proyecto de la Red, Comisionado Nacional para el Seguimiento del Plan Decenal de Educación, y amigo mío (entre otros muchos títulos), me preguntó en una de las primeras reuniones de la Red de 2009:
Andrés.(Voz en off.) Adrián, ¿usted por qué sigue viniendo?
Adrián.(A Andrés.) … No sé.
Andrés.(Voz en off.) ¿Cierto? Yo tampoco.
Adrián. – Pero ahí vamos, consiguiendo amistades, sintiendo que hacemos algo por la ciudad, gastando dinero en pasajes, caminando desde el centro hasta acá, estudiando burocracia aplicada, aprendiendo sobre leyes, desarrollando capacidad discursiva, enojándonos con los errores gramaticales de los compañeros, y por la misma refunfuñando de los errores gramaticales de Hans, comiendo refrigerios, haciendo fila en la entrada para registrarnos, y romper el inútil papelito del registro,… Escribiendo artículos al respecto porque quiero promocionar el proyecto y porque es una de las cosas que hago, y en este blog muestro las cosas que hago. A finales del año pasado recibimos una muy buena capacitación sobre formación de redes, y no de redes matemáticas (eso lo veré con deleite en mis cursos de topología), ni de redes ictiológicas (de hecho ese texto forma parte de un curso que dicto), sino de las terceras, las redes de personas trabajando, y a medida que el tiempo avanza (y ojalá no hacia el infinito) el trabajo converge a resultados en la mejoría de la ciudad.
Y hay otras redes, claro: una famosa es el ubicuo conjunto de todas las páginas electrónicas; otra puede ser la de la araña; la forma inglesa de nombrar al color rojo;… y dice la Gran Enciclopedia Espasa 2005: «9 Conjunto de personas relacionadas para un fin común, por lo general de carácter secreto, ilegal o delictivo.» ¡Esto es legal! ¡Lo juro!
¡No soy un delincuente! (La e se mantiene durante un tiempo. Adrián cae arrodillado. Una red se cierra a modo telón.)