viernes, 7 de agosto de 2009

Os invito a crear

Mi hermano Manuel se graduó de bachiller el año pasado, y el discurso de grado, escrito y pronunciado por una compañera suya, no estuvo mal. Pero un poco antes, o un poco después, la coordinadora de bienestar pronunció un discursucho de despedida a los graduandos que bien pudo haber sido compuesto de la siguiente manera:
Maritza Berdugo se encuentra de pie ante un espacio en el que cuelgan más o menos unas sesenta fotografías de estudiantes con birrete. Con ellos como destinatarios, toma de cualquier parte un lugar común, y lo apoya frente a ella; coge otro, y hace lo propio; el siguiente lo pone allí, y el otro acá,… y así sigue, hasta finalmente tener entre treinta y cuarenta lugares comunes distribuidos arbitrariamente en un plano euclidiano (que podría ser el lugar matemático más común). Ahora toma la pita raída y sucia de un trompo que ya no gira (porque los trompos cuando son bien lanzados giran y cuando no sí ruedan), y comienza a atar a ella cada lugar común con un nudo que de marinero tiene lo que la pita de nueva, y sin darle mayor importancia al orden del proceso. Finalmente, tensa un poco la pita, produciendo un aparente orden lineal de los lugares comunes. Eso fue el discurso. Incluso pudo haber sido algo como coger todos esos lugares comunes, amontonarlos dentro de una bolsa negra y sacarlos uno por uno mientras se habla… En fin, una cosa terrible.
Y es que es posible hacer buenas cosas con lugares comunes, o con pitas raídas… Es cuestión de pensar en lo que se quiere decir; en lo que se le quiere dejar a la gente como mensaje, y un simple “Que os vaya bien en el futuro.” desde hace mucho tiempo ya no sirve. Un “Os recordaremos por siempre.” no sólo es hueco sino falso. Hay que usar cuerdas finas, o disponer las ideas estéticamente en un espacio adaptado para ellas,… Maritza Berdugo, lo aclaro, me agrada mucho, y guárdela el Registrador Nacional en buenas fichas, que gracias a ella yo estoy documentado en este momento. Mi diatriba es sólo contra la suya de aquella ocasión.
Dos años antes me debí graduar yo, pero me relajé demasiado en décimo grado y tuve que repetirlo, lo cual de cualquier forma no me molestó. El discurso de ese año, pronunciado por Camilo Molano, también estuvo bien, aunque no le faltaron sus lugares comunes (y es casi imposible que falten del todo). Decidí entonces que yo pronunciaría el discurso de mi graduación. Me puse a pensar en el enfoque que le daría y a eso de febrero del siguiente año comencé a redactarlo, y como tenía tiempo lo escribía espaciadamente. Lo tuve listo para comienzos de diciembre,… un par de semanas después de que pasara la selección. Sí, fallé. No pude pronunciar yo el discurso, pero con la redacción y la prosodia de Paula Pabón me sentí bien. Sin embargo, aprovechando mi cargo como representante estudiantil al consejo directivo, logré obtener un espacio ya no en la ceremonia de graduación, sino en la ceremonia de clausura, para dirigir unas palabras a la “comunidad educativa”. Adapté el mismo discurso para la ocasión; lo leí, me gané un muy buen aplauso, e incluso unas tres personas me pidieron al final que les pasara el texto. Sé que no son ideas nuevas las que expuse, pero sí fue algo que escribí a partir de lo que yo había pensado por mi cuenta, así que me pasó como a Aureliano Buendía con la redondez de la Tierra: ya se sabía, pero él la descubrió.
Como esto pasa en Colombia y aquí se usa se usa el pronombre “ustedes”, el discurso original lo lleva, pero ya os habréis percatado de que prefiero el uso de “vosotros” y sus correspondencias, que es entonces lo que aparece aquí, y que sólo afectó la última frase. Tal como lo publico ahora no fue como lo pronuncié; a mi modo de ver, lo he mejorado, por lo menos en lo que a la sintaxis refiere. Hay que tener en cuenta con esto de la sintaxis el hecho de que no es un texto para ser leído sino para ser escuchado. No sé si pronto, pero sí en algún momento agregaré un archivo de sonido con la lectura hecha por mí. Le he dejado el título de entonces, a pesar de que ahora me parece que aunque sea apropiado no es lo suficientemente estético.

Sólo se logra pensando

Todo hombre que se encuentre en capacidad de pensar pensará indefinidamente hasta su muerte. Toda interrupción de ese pensamiento continuo será insignificante (con la excusa del estado de coma, sobre la que no tengo experiencia) o será perdonable –como el exquisito estado del sueño profundo.
Todo hombre que no se encuentre en capacidad de pensar no podrá ser considerado hombre.
Y es porque el hombre no es hombre si no socializa. El hombre no es hombre si no comparte. No lo es si no discute. No lo es si no se hace a sí mismo desde los demás. Es un ser naturalmente social. Y para todo lo dicho se necesita pensar y haber pensado. Y como conclusión de lo dicho hay pensamiento desarrollado. O no se ha socializado correctamente.
Entonces, el hombre no es hombre si no enseña y no aprende, y sólo lo es si enseña y aprende. Evidentemente: es imposible enseñar sin haber aprendido y aprender sin llegar a enseñar. Aquel que aprende y no enseña ha abandonado su sociabilidad y se ha limitado a escuchar. No es hombre.
Preocupa que no sea muy difícil encontrar a un hombre biológico que no sea hombre pensante. Así que hay que construirlos. ¿Para qué construirlos? Hay tres razones:
1. La evolución. Evolucionar es continuar algo desde el punto en el que iba, mejore o no, eso depende de criterios individuales. Pero los que saben cómo están las cosas mueren, son hombres. Por tanto, deben dejar sus conocimientos con otros que, según las leyes naturales, morirán luego. Pero sólo saber no basta, hay que continuar. Y eso sólo se logra pensando.
2. La solución. Entre más se sepa, más posibilidades se tienen de resolver problemas, más criterios para evaluarlos, más vías para evitarlos. Pero sólo saber no basta, hay que actuar. Y eso sólo se logra pensando.
3. La armonía. Un hombre que sabe lo que es molesto para otros y para sí mismo puede evitar caer en errores. No en los errores, es imposible no equivocarse; pero aceptar y asumir las equivocaciones no es un error. Intentar disminuirlas al máximo, tampoco. Pero solo saber no basta, hay que vivir. Y eso sólo se logra pensando.
Se supone que llevamos tantos años de estudio precisamente para eso, y se supone que para eso mismo los continuamos. En este momento es cuando cambiamos la forma, y tenemos que volvernos a adaptar. Porque para que las cosas se adapten a ti, debes primero adaptarte a ellas. Para cambiar algo debes conocerlo. Pongamos un ejemplo que improvisé una vez hablando solo:
Imaginemos a un arqueólogo al que, en una excavación, por el polvo, por el calor, por las piedras,… por cualquier razón se le daña el reloj. Este hombre de relojes sabe que dan la hora,… de pronto un poco de historia. Puede intentar repararlo él mismo, pero seguramente lo dañará más, o lo dejará completamente inservible. Puede dejar así, y liberarse de estar pendiente de la hora, pero ¿y si lo necesita? Por último, puede llevarlo con un relojero, que lo conoce, que está adaptado al sistema, y que simplemente lo coge, lo abre, lo mira, lo repara, lo cierra, lo entrega, y cobra… Así funciona el mundo. Podría verse éste como otro fin de la educación. Pasar la adolescencia lo más fácilmente posible. ¿Qué es la adolescencia?
Tomaremos estas dos relaciones posibles entre hombre y mundo: o el mundo está adaptado al hombre, o el hombre está adaptado al mundo. Lo segundo trae consigo la posibilidad de cambiar la forma. Cualquier otra relación es sólo transitoria. La niñez es la época en la que el mundo está adaptado al hombre. La adultez es la época en la que el hombre está adaptado al mundo. La vejez es una nueva niñez pero con la experiencia de todo lo anterior: la misma niñez, la adultez, y la adolescencia. La adolescencia es la época de transición en la que lo difícil no es llegar a adaptarse al mundo, es darse cuenta de que toca hacerlo. Una vez habiéndose percatado, adaptarse es relativamente sencillo. Y estas dos cosas sólo se logran pensando.
Viéndolo de este modo, lo que se hace con la vida es construirla. Adaptarse a lo que nos rodea para poder ponerlo a nuestro favor: Conocer a alguien es necesario para que nos caiga bien, y para sugerirle cambios, o para odiarlo. Eso sí, en el caso de las relaciones sociales existe un parágrafo: Cuando se trata de personas, la adaptación tiene que ser mutua y simultánea.
Viendo con esto que el hombre cambia todo el tiempo, que no sólo no es igual a los demás sino que sólo en el mismo instante es igual a sí mismo (creo que es algo que todos sabemos, y que intentamos), tenemos al hombre como la mejor creación del hombre. Dicen los griegos que arte es todo oficio que genere una creación.
Entonces sólo pensar no basta, hay que hacer arte. Y eso sólo se logra creando. Os invito a crear.
Auditorio El Auditorio León de Greiff, donde pronuncié el discurso, en la fotografía seguramente durante algún ensayo de la Orquesta Filarmónica de Bogotá. Se extiende bastante más hacia atrás, pero no encontré mejor imagen. Este martes tengo clase ahí, así que tal vez si consigo cámara tome una fotografía más amplia y de mejor calidad y hago el cambio. Ésta es de dominio público. Y respecto a León de Greiff como persona y no como auditorio, también a él le dedicaré una entrada en algún momento, que me parece un poeta del carajo. El vínculo lleva a una página del portal El poder de la palabra, cuyo contenido recomiendo excesivamente.
Complemento con un par de comentarios. Hace pocos días una amiga se encontraba en una discusión vía mensajes de Facebook con un muchacho y yo la leí toda porque el mensaje inicial era un chiste que envió ella a varias personas, yo incluido, y porque no tenía más que hacer. Cansado de que se insultaran bajo los temas de «participación política» y «aprovechamiento del tiempo libre», escribí:
Buenas... ¿Podrían dejar de pelearse, por favor? Me han estado llenando de reclamos mi bandeja de entrada y lo molesto no es sólo que estén mal escritos ni que se usen en ellos frases demasiado comunes (lo que también los convierte en mal escritos, y no lo tomen como una ofensa), sino que se están peleando como radicalistas del mismo bando: esos que defienden ideas similares y por diferencias pendejas intentan hacer que el otro se sienta mal. No significa que tengan ustedes ideas similares, eso no lo sé, hablo sólo del estilo de la pelea, que se me hace algo falto de pilares. ¿Qué tal si todos seguimos en nuestro cómodo desocupe, cada quien con lo que entiende por cómodo? ¿Vale? Gracias. Y un beso para Ana. (Favor responder el mensaje sólo si se tiene algo que decir.)
La respuesta de él, Emmanuel Devia, fue la que sigue, salvo los arreglos gramaticales que yo le hago para no sentirme mal: «Primero: ¡buena esa! Segundo: ¡con todo respeto, no sea sapo! Pero relax, hágame más bien un favor, dígale a Ana María que entienda que hay diferentes modos de pensar y no todos pueden pensar como ella, ¿ok? Y gracias.» Me gustó la respuesta, le pedí a Ana María que dejara de seguir la cuerda; como ella decía que estaba defendiendo sus ideas, le dije también que estuviera tranquila con eso, que todos cambiamos de ideas todo el tiempo: nos mantenemos pensando y pensar es precisamente manipular las ideas… ¡Así que quien no cambie es imbécil!
Por último, repito el título: tampoco hay que quedarse en pensar – cambiar. De nuevo: Os invito a crear.

viernes, 31 de julio de 2009

Detrás del papel (no apto para tuertos)

Los mismos dibujos animados se valen de efectos de profundidad para generar sensación de realidad y núcleos de atención. Cuando hay un personaje delante de otro con respecto a la cámara, el del frente habla, y ese que habla está nítido, mientras el del fondo está borroso; cuando habla el segundo, se hace un cambio gradual del enfoque ficticio hasta que el del fondo queda completamente nítido, y en consecuencia el del frente se ve borroso. Así funciona nuestra vista, mientras ambos ojos nos funcionen, y además de verse borroso, si la distancia entre el nivel no enfocado y el enfocado es lo suficientemente grande, aquél se ve duplicado, porque la luz proveniente de allí llega a cada ojo desde un ángulo distinto, así que las retinas no la reciben en puntos correspondientes y las imágenes se yuxtaponen. Haced la prueba con un dedo y una pared como personajes; seguramente varios lo necesitaréis para más tarde.

Yo era famoso en el colegio (que no es muy grande). Dirigí la emisora durante un tiempo, así que mi voz sonaba a diario y si alguien quería hacer algo allí debía buscarme; fui representante estudiantil al Consejo Directivo; tenía un hermano y una hermana en cursos no muy inferiores, por lo que sus amigos y compañeros me conocían; soy alto y llevaba el cabello largo desde segundo o cuarto grado (seguro tercero no, eso sí lo recuerdo); y bueno, me hacía mis amistades… Pero inicialmente tuve una pequeña fama debida a los curiosos objetos que llevaba de vez en cuando y respecto de los cuales poseía habilidades. Ahora sólo recuerdo tres de ellos, pero seguramente hubo más: el cubo rúbik, las bolas chinas y los libros de estereogramas. El primero todos lo conocemos: ese cubito diseñado por el señor Rubik que a tanta gente nos rompió la cabeza mientras aprendíamos a armarlo, y a muchos les hizo desistir, y a otros nos sigue rompiendo un poco la cabeza para terminarlo. Las segundas son un par de bolitas metálicas con cascabeles por dentro, y el truco con ellas consiste en cogerlas ambas con una mano y hacerlas cambiar de sitio una y otra vez usando sólo esa mano y sin que se caigan ni se toquen, así:
(El video fue tomado un día normal en mi apartemento con la cámara de un amigo que ahora se encuentra en Dinamarca. El sonido de fondo es la música que están escuchando en el computador y las voces de mi hermano y dos amigos, y se pueden oír también los cascabeles. Ese fondo blanco es la hamaca que hay ahora en Tequia. Si os fijáis, me veo reflejado en las bolas con mi suéter naranja, sentado en la hamaca y sosteniendo la cámara con la mano derecha, con la que se supone que soy un poco más hábil, pero un par de días antes me hice una pequeña herida que me duele al jugar con las bolas, y que no se vería bien en el video. Disculpad por el choque en el último pase.)

Hay quienes dicen que se me facilita por el tamaño de mi mano, pero no sólo aprendí teniendo la mano mucho más pequeña, sino que ahora puedo con manzanas y con bolas de tenis.

Los terceros son un par de libros ante los que me sentaba a que me miraran raro fijando la vista en un dibujo extraño sobre el que pasaba los dedos. Y es ahora cuando los dos primeros párrafos se enlazan: las imágenes impresas en estos libros se llaman estereogramas, y las caracteriza el hecho de que se componen de imágenes repetidas con pequeñas variaciones, una después de la otra en barrido horizontal, de manera que si se enfoca la visión en un punto lejano detrás de la hoja, llega un momento en el que las imágenes repetidas se superponen y las pequeñas variaciones producen un efecto de tridimensionalidad. Ahora podéis hacer la primera variación del ejercicio inicial: en vez de usar un dedo, usad dos, y notaréis que al enfocar la vista en el fondo en algún momento veréis tres dedos, el del medio formado por la superposición de dos imágenes, una por cada uno de los dedos reales, una por cada ojo. (También funciona hacer bizcos, como podrá entenderse, pero la imagen se ve invertida.) La primera imagen de muestra que traigo lleva dos puntos en la parte superior, que sirven de guía (como los dedos) para quien comienza a aprender a visionar, que es el término correcto para esto; es una imagen sencilla, un corazón, en la que se nota el diseño repetido. La que sigue es un poco más complicada de diseñar, no de visionar: una amazona montando su caballo, y como dice Juan Luis Guerra: no sé si está desnuda o tiene un solo vestido.
Corazón Jinete

Ninguna de estas dos imágenes proviene de los libros; son de dominio público obtenidas en la red.

Anteayer, miércoles veintinueve de septiembre de 2009 según el calendario gregoriano, varios días después de comenzar a redactar este artículo, aprendí a visionar. Creí que ya lo sabía, pero descubrí que siempre lo había hecho mal, y después de un buen rato de intentarlo, aprendí a hacerlo correctamente. Más arriba menciono que si se cruza la mirada la imagen se verá invertida; pues bien, descubrí que es eso lo que yo hacía, y por eso a veces me extrañaba cuando decían que algo estaba más arriba cuando yo lo veía más abajo. Sé que debería darme vergüenza, y sí, me da. Pero ya está solucionado, y ahora sí tengo criterio para seguir escribiendo. Por cierto, el descubrimiento lo hice precisamente leyendo uno de los libros a los que vengo a hacerles propaganda; se titula Dimensiones ocultas, lo elabora Dan Dyckman –lo escribió y no sólo diseñó las imágenes por computador, sino también el software para hacerlas–, lo traduce Gloria Méndez Seijido y es editado por Blume. Dice que está prohibida su reproducción total o parcial sin permiso del editor, pero como no hago esto con ánimo de lucro haré un par de reproducciones que retiraré si me molestan por ello. El párrafo revelador fue éste: «Si te ocurre justo lo contrario, es decir, observas una imagen que se forma fuera en lugar de dentro de la pagina, estás poniendo en marcha lo que se llama el método inverso. Tu mirada no está relajada sino cruzada.» Y es que el truco es relajar la mirada y fijar la vista tras la imagen, como si ésta fuera un vidrio y del otro lado estuviera la escena principal. ¡De lo que me estaba perdiendo por creer que lo tenía todo!

El otro libro no se encuentra ahora en Tequia, pero sus referencias se encuentran en la red (las del primero no, las busqué incluso en la página de Blume para solicitar permiso de reproducción): se llama Estereograma. El secreto de las 3-D, también editado por Blume, con prólogo de Howard Rheingold, en el que se explica detalladamente cómo se construyen los estereogramas. Esa información se encuentra en la red, de todos modos, y el principio, que ya expliqué en el tercer párrafo, es muy sencillo: una imagen por cada ojo. Las portadas de los libro son las que siguen; en la primera hay una cuerda cerrada que debe ser desenredada mentalmente para determinar si hay o no nudo, y no diré que hay la segunda:

Dimensiones Ocultas 3D


Tengo una pequeña galería en mi SkyDrive que cargué para este artículo. He logrado hacer algunos estereogramas con el programa 3D Miracle, que es muy fácil de manejar y se puede descargar con su compañero 3D Monster, que sirve para diseñar las figuras (aún no aprendo a usarlo, hay que tener conocimientos de modelado en 3D con otros programas). Remito además a una excelente galería. Para llamar la atención termino con una mujer desnuda, vista por delante y por detrás —está ahí, detrás de la pantalla—. Y por fin acabé. Llevo ya dos madrugadas soñando con que me ponen a prueba en mundos tridimensionales que aparecen detrás de hojas planas.
Desnuda

martes, 21 de julio de 2009

Rol: Red (teatro con enlaces)

(De fondo una telaraña. Adrián en el centro del escenario bajo una luz cenital.)
Adrián. – Una red es una generalización de una sucesión: es decir, en vez de usar los números naturales, utilizamos cualquier conjunto dirigido, sin importar su numerabilidad.
Coro.(Voz en off.) ¡Qué!
Adrián. – …, exclamarán medio atónitos los no entendidos en matemática universitaria más o menos avanzada, no apta para ingenieros. Explico, no es tan difícil: imaginemos una fila del Instituto del Seguro Social, ISS, antigua entidad colombiana famosa por la cualidad de que, por mucho que se madrugara, siempre se llegaba allí a hacer fila en un puesto in(de)terminable. Ahora será fácil suponer que hay infinitas personas haciendo fila, y pensemos en la diligencia que va a hacer cada persona; tendremos entonces una sucesión infinita (o sucesión a secas) de diligencias –nótese que pueden repetirse–, una por cada número natural. Una red es lo mismo, sólo que el conjunto origen ya no es necesariamente el de los números naturales, sino que puede ser uno con más elementos todavía, mientras sea infinito y esté ordenado hacia el infinito. (Esta parte de “infinitos más grandes que otros” es un poco más complicada, aunque no muy difícil de explicar, pero no compete al presente artículo así que será para después.) Se dice que la red converge si a medida que nos acercamos al infinito los valores de la red (las diligencias) tienden a un elemento fijo, que llamamos límite.
En segundo lugar, una red es el elemento usado por Sir Arthur Eddington, famoso astrofísico obviamente británico de la primera mitad del siglo XX, en su libro La filosofía de la ciencia física, para explicarnos cómo funciona el método científico; el ejemplar de Tequia es editado por Editorial Sudamericana, de Buenos Aires, y traducido por Carlos E. Prélat y Alberto L. M. Lelong. La parte a la que quiero hacer referencia es el comienzo del segundo capítulo, que lleva por título Subjetivismo selectivo. He aquí el fragmento principal:
Supongamos que un ictiólogo se dispone a estudiar la vida en el océano y que para esto comienza por echar la red. Obtiene así una redada. Al observarla y tratar de sistematizar sus observaciones procede de un modo análogo al del hombre de ciencia.
El ictiólogo llega así a dos conclusiones:
1) La longitud de todos los animales del mar es de más de cinco centímetros.
2) Todos los animales del mar tienen branquias.
Estas conclusiones son ciertas respecto de su redada, y hace la hipótesis provisoria de que también serán ciertas cualquiera que sea el número de veces que eche la red.
En esta comparación que estamos haciendo la redada representa el conjunto de conocimientos que constituye la ciencia física y la red el sistema de nuestras capacidades respectivas sensoriales e intelectuales que usamos para obtener dichos conocimientos. Siguiendo con la comparación, el echar la red corresponde a la observación, pues todo conocimiento que no pueda obtenerse mediante la misma no es considerado como conocimiento físico.
“¿Así o más claro?” Sólo este fragmento da para ponerse a pensar un rato en lo poco que conocemos del mundo: ¡imaginad el libro!
En tercer lugar, una red es aquello a lo que vine es esta ocasión: una organización de personas en la que no hay jerarquías, sólo distribución y socialización del trabajo. Vengo promocionando la Red Distrital de Personeros Estudiantiles (la Personería Distrital habla de “personeros y personeras”, pero a mí no se me hace tanta vaina), con la que llevo trabajando ya dos años y medio. Es un proyecto de la Personería Distrital que forma parte del proyecto general relativo a los personeros estudiantiles: esas personitas que son elegidas a principio de año y que tan criticadas resultan al final. Pues para que sepan, al menos unas cuantas de esas personitas sí trabajan, y harto. La Red es conformada por todos los personeros de Bogotá, y cuatro personas de cada localidad son elegidas para trabajar en la Mesa Distrital, que es uno de los principales ponentes en el Congreso Anual de Personeros Estudiantiles, el segundo evento estudiantil más grande del país. (Enlazo al primero, que se ve que va a estar bien bueno este año; al menos tiene bonita publicidad.)
Este año, por ejemplo, la Mesa está trabajando cinco Ejes Temáticos, a saber: Cultura, Derechos Humanos, Educación (en el que estoy yo apoyando), Medio Ambiente y Violencia. Cada eje ha de elaborar un proyecto y realizar las actividades que impulsaron su creación. El Congreso resulta, para la Mesa, como una rendición de cuentas de lo que ha hecho en el año y que debe ser presentada a todos los personeros del Distrito. ¿Y qué tipo de cosas se hacen? Eso depende de cada grupo, pero generalmente son actividades de capacitación (buenos cursos cortos, digo yo), participación (cupos en foros, debates, asambleas y otras reuniones de ese estilo), presentación de proyectos a entidades locales, distritales y estatales (secretarías, ministerios, alcaldías…)… Y el grupo mismo hace “actividades de integración”, ya sabéis: ir al Chorro de Quevedo, al Septimazo, a comer algo por ahí,…
Os cuento algo de lo que se está haciendo este año. Derechos humanos está bien empeñado en dos actividades: una obra de teatro para presentar en colegios «con altos índices de violencia», y una capacitación en derechos humanos que se encuentra en período de convocatoria, y así se encontrará hasta que se hayan inscrito por lo menos treinta y cinco personas; si alguien está interesado –hay prioridad para personeros–, o conoce a alguien que crea que lo estaría, la convocatoria está publicada en este enlace, que da a un blog de la Red recientemente creado. Educación está estudiando (nada más obvio) los Decretos 230, que reglamentaba la evaluación y la promoción de primaria y secundaria hasta este año, y 1290, que reglamenta ahora, más el Plan Decenal de Educación, que “sugiere oficialmente” la reglamentación de toda la educación durante el periodo 2007 – 2016, esto para hacer actividades de difusión de su contenido; además está continuando el trabajo que realizaba el año pasado el Eje Temático de Manuales de Convivencia, que consiste en impulsar en los colegios las reformas del Manual que se supone que anualmente han de hacerse, y en generar propuestas para que también haya ciertas reformas en los reglamentos generales acerca de los Manuales. Sé que los otros ejes andan haciendo algo, pero no sé qué andan haciendo; disculparán los miembros, y si alguno leyere esta entrada le pido que comente con esa información.
Se supone que esta misma semana me reuniré con una amiga y compañera de la Red, precisamente la creadora del blog arriba enlazado, para actualizar otro espacio electrónico de los personeros estudiantiles: la página oficial de la Red Distrital de Personeros Estudiantiles. Pronto veréis ahí artículos escritos por los muchachos, fotografías de los eventos, información sobre la red, y todo ese tipo de cosas que hay en las páginas oficiales; eso sí, habrá que cambiar ese aire empresarial del “¿Quiénes somos?”, y poner la cuestión más juvenil (dice esto último con voz de gomelo y sacudiendo hombros y cabeza).
Este año será el XI (léase “décimo primer”) Congreso Distrital de Personeros Estudiantiles. Además de la Mesa, también son postores las redes locales y varias organizaciones juveniles de Bogotá. (Bueno, y normalmente hablan el alcalde, el secretario de educación y el personero distrital; los tres actuales, por cierto, se encuentran ocupados en resolver asuntos judiciales de damageful índole.)
No, no me pagan. Alguna vez, comenzando este año, Andrés Felipe Suárez Sastoque, estudiante de Derecho de la Universidad Nacional, miembro de la Red en 2007, colaborador actual (como yo) del proyecto de la Red, Comisionado Nacional para el Seguimiento del Plan Decenal de Educación, y amigo mío (entre otros muchos títulos), me preguntó en una de las primeras reuniones de la Red de 2009:
Andrés.(Voz en off.) Adrián, ¿usted por qué sigue viniendo?
Adrián.(A Andrés.) … No sé.
Andrés.(Voz en off.) ¿Cierto? Yo tampoco.
Adrián. – Pero ahí vamos, consiguiendo amistades, sintiendo que hacemos algo por la ciudad, gastando dinero en pasajes, caminando desde el centro hasta acá, estudiando burocracia aplicada, aprendiendo sobre leyes, desarrollando capacidad discursiva, enojándonos con los errores gramaticales de los compañeros, y por la misma refunfuñando de los errores gramaticales de Hans, comiendo refrigerios, haciendo fila en la entrada para registrarnos, y romper el inútil papelito del registro,… Escribiendo artículos al respecto porque quiero promocionar el proyecto y porque es una de las cosas que hago, y en este blog muestro las cosas que hago. A finales del año pasado recibimos una muy buena capacitación sobre formación de redes, y no de redes matemáticas (eso lo veré con deleite en mis cursos de topología), ni de redes ictiológicas (de hecho ese texto forma parte de un curso que dicto), sino de las terceras, las redes de personas trabajando, y a medida que el tiempo avanza (y ojalá no hacia el infinito) el trabajo converge a resultados en la mejoría de la ciudad.
Y hay otras redes, claro: una famosa es el ubicuo conjunto de todas las páginas electrónicas; otra puede ser la de la araña; la forma inglesa de nombrar al color rojo;… y dice la Gran Enciclopedia Espasa 2005: «9 Conjunto de personas relacionadas para un fin común, por lo general de carácter secreto, ilegal o delictivo.» ¡Esto es legal! ¡Lo juro!
¡No soy un delincuente! (La e se mantiene durante un tiempo. Adrián cae arrodillado. Una red se cierra a modo telón.)

martes, 14 de julio de 2009

Ĉu Vi komprenas?

[La entrada de Michael Ende me está quedando larga, larga. Y eso me gusta, pero me obliga a posponerla, por lo que prometo que dejaré de prometer siempre el tema de la siguiente entrada. Pero como no quiero dejar esperando a mi blog (no a los lectores, que sé que no hay muchos y al parecer ninguno frecuente), preparo otra entrada poderosa, con un comienzo matemático que espero que no asuste; es sólo el primer párrafo y el resto va relajado con términos que cualquier entendido en gramática básica comprenderá fácilmente.]

Partiré de que todos mis lectores saben lo que es matemáticamente una función. Ahora, sea F el conjunto de fonemas

F = {a,b,ʦ,ʧ,d,e,f,ɡ,ʤ,h,x,i,j,ʒ,k,l,m,n,o,p,ɾ,s,ʃ,t,u,w,v,z}

en correspondencia con el Alfabeto Fonético Internacional. Y sea G el conjunto de grafemas

G = {a,b,c,ĉ,d,e,f,g,ĝ,h,ĥ,i,j,ĵ,k,l,m,n,o,p,r,s,ŝ,t,u,ŭ,v,z}.

Si alguien quiere ponerse a contar la cantidad de elementos de estos dos conjuntos, notará que son equipotentes, es decir, tienen la misma cantidad de elementos; es decir, matemáticamente, que se puede construir una función biyectiva entre ellos. ¿Y qué es una función biyectiva? El sueño de cualquier persona que quiera aprender un idioma fácilmente; sueño que casi nunca se cumple. Sea f una función de F en G, que a cada elemento de F le asigna el elemento de G que está en su misma posición tal como están ordenados arriba los conjuntos, de izquierda a derecha (o al contrario, da lo mismo); o sea, por ejemplo, f(a) = a, f(ĥ) = x, f(c) = ʦ, y así. Se notará de inmediato que si tomamos dos elementos distintos de F, obtendremos con f dos elementos distintos de G sin importar qué de F cojamos: cada elemento de F es enviado en un elemento distinto de G, lo que significa que f es una función inyectiva. También, si tomamos un elemento de G, sea el que sea, podemos encontrar un elemento en F al que le corresponda el de G por medio de f: todo elemento de G es imagen de uno de F, lo que significa que f es una función sobreyectiva. Y una función que sea inyectiva y sobreyectiva, se llama biyectiva; así de fácil. Más fácil aún, sin tanta vuelta: esta función f es biyectiva si a cada elemento de F le corresponde uno y sólo uno de G, y viceversa. Sucede, ¿no? Y como estamos hablando de fonemas y grafemas, esto significa que podemos representar cada fonema con un grafema, y al leer algo sabremos exactamente cómo se pronuncia, y al escuchar algo sabremos exactamente cómo se escribe, y adiós a los problemas de ortografía. ¿Lo veis? Es el sueño de un aprendiz de lenguas facilista. Hasta donde yo sé, ninguna lengua natural funciona de esa manera; pero hay unas cuantas lenguas artificiales que sí, y una de esas la hablo, y, permitidme la jactancia, lo hago muy bien. No me jacto de ello para ganar gemidos, sostenes y vituperios, sino para al menos decir que tengo suficiente criterio para hacer un buen artículo sobre esta lengua: el famoso esperanto.

A la función construida en este párrafo le llamo la Primera Biyección Fundamental del Esperanto. La Segunda Biyección Fundamental del Esperanto es más sencilla. Sólo hay cinco vocales, a saber, "a, e, i, o, u" (recordemos que los fonemas /j/ y /w/ son semivocálicos), y la cantidad de vocales de una palabra es exactamente la cantidad de sílabas que tiene, lo cual es una consecuencia inmediata de la Primera Biyección. Por ejemplo, la palabra “balai” (barrer) tiene tres vocales, luego tres sílabas, y se pronuncia /ba’la.i/; la palabra “taŭrejo” (circo de toros) también tiene tres vocales, tres sílabas, y se pronuncia /taw’ɾe.jo/. Además, toda palabra (salvo si monosílaba, claro) es grave: su sílaba tónica es la penúltima.

Ya vimos la simplísima fonética. El resto de la simplísima gramática la explicaré brevemente, dejando la enseñanza completa a la enorme cantidad de cursos, en especial a la pequeña cantidad de buenos cursos, que pululan en la red cual banderitas tricolores en un veinte de julio colombiano.

Bandera verde
La Tercera (y última) Biyección Fundamental del Esperanto va en la sección de morfología, o las normas que determinan la función gramatical de una palabra solita. Tomemos el conjunto de sufijos S = {~o,~a,~e,~i}, y el conjunto de clases gramaticales C = {sustantivo, adjetivo, adverbio, verboide infinitivo}, y haciendo corresponder un elemento de S con uno de C de la misma forma en que relacionamos los de F y G anteriormente, tendremos todo lo que necesitamos para saber qué clase de palabra nos hemos topado si es que su terminación es una de las de S. Si no, quedan pocas posibilidades, que son los verbos conjugados (sin irregularidades) y los casos de declinación (sólo hay nominativo y acusativo, terminando el segundo en ~n). Sólo por poner un ejemplillo, doy la frase “Granda hundo intencas manĝi avide pomon.” (“Un perro grande tiene la intención de comer ávidamente una manzana.”), en la que podemos ignorar el “intencas” y ver que hay un adjetivo, un sustantivo, un verbo, un adverbio y otro sustantivo, éste en su forma de acusativo (el que recibe la acción). Esta Tercera Biyección se extiende a más sufijos, pero por ahora basta con éstos, creo yo. Y he de advertir que existen algunos adverbios que no terminan en ~e por ser algo así como «adverbios por excelencia», como es el caso de “morgaŭ (mañana, el día siguiente a hoy), “preskaŭ” (casi), “ankaŭ” (también) y otros por el estilo.

Esto ya está un poco largo y lo que podría publicar en esta misma entrada sería lo mismo que se puede encontrar en cualquier página relacionada: historia del esperanto, más gramática, referencias a literatura,… Pero eso mejor lo dejo para extenderme y entretenerme en otras entradas.

Así que seguiré publicando sobre el esperanto, entradas lingüísticas y literarias. No escribiré un solo artículo dedicado exclusivamente al denominado «movimiento esperantista», con lo que me declaro en contra de utilizar el esperanto para hablar del esperanto, como lo hacen muchos, sin notar el hecho de que es una intención de “lengua universal”, con la que hay de hablar de todo. Por eso tengo un blog en esperanto, un poco descuidado, en el que no publico sobre el esperanto. Y por eso, entre otras cosas, este artículo que sí es sobre el esperanto está escrito en español. Os invito a conocer más este idioma, a aprenderlo un poco,… Sirve para comunicarse con gente en todo el mundo y viajar por todo el mundo (explorad Pasporta Servo), para ayudar a estas cuestiones de unión mundial y respeto por las lenguas de las que hablan los “esperantistas”, y, por lo menos, para obtener buenos conocimientos de gramática generativa, estudio de lo más útil para aprender cualquier idioma.

Se me ocurrió en algún momento ponerle como título a este artículo Esperanto para matemáticos, o algo parecido, pero me pareció que asustaba un poco. Los lectores dirán, con los comentarios que os pido que escribáis; el título que dejé, Ĉu Vi komprenas?, es la forma en esperanto de preguntar “¿Entendéis?” Por cierto, ya casi es veinte de julio y tengo la costumbre (traicionera a mi no-nacionalismo) de salir a contar banderas, y busco quién se me pegue al paseo, sólo por caminar un rato y cambiar de rutina. Informes aquí.

sábado, 4 de julio de 2009

Medio partido y cortado

Los dos primeros días estuve tranquilo porque llevaba una frecuencia de entrada cada tres días. El siguiente día el computador lo tenía mi hermano, el siguiente estaba estudiando para un examen y el siguiente estaba en un examen. No tengo por qué excusarme, pero no sabía cómo comenzar la entrada, y no es que me haya parecido esto un comienzo magnífico ni mucho menos, pero algo había que hacer.

No me gusta ir directo al punto cuando se trata de escribir estos artículos; se escribe más si se dan unas cuantas vueltas ante cada cosa importante, por lo que no podía permitirme comenzar con un “A través de la historia los escudos de armas han…” o algo parecido. Podrá notarse a qué me refiero al ver que la mitad de la primera parte de este artículo, Me escudo en mi inutilidad, está dedicada a responder un par de preguntas pendejas. Y por esta vez considero ya haber dado suficientes vueltas, así que ahí vamos.

Sigamos con lo que se llaman “particiones del campo”, una de las cuales da nombre al artículo. En la imagen, extraída del libro, está dicho todo:

Particiones

Ya di en la primera parte los datos del libro, remito allí a quienes no los conozcan. Dato importante: la derecha del observador es la siniestra del escudo y viceversa con la diestra, por aquello de que el escudo era portado por alguien detrás de él.

Mi partición favorita es el terciado en perla, que está en esta imagen de or, sinople y argén, que quiere decir amarillo, verde y blanco. Ésos son los nombres que se le dan a los colores del escudo, separados en esmaltes y metales, más los forros. No será necesario poner la imagen de los esmaltes, y más bien me pongo a jugar con la que ya está:
Gules es rojo, como la mitad siniestra del partido.
Azur es azul, como la banda del terciado en banda.
Sinople es verde, como la puntica esa del cortinado.
Púrpura es morado, como los cinco cuadritos del de puntos equipolados.
Sable es negro, como el palo del terciado en palo.
Anaranjado es anaranjado.
Hay otros esmaltes, pero los más importantes son éstos y carnación, que suena sádico y viene siendo el rosado.
Los metales son or y argén, amarillo y blanco respectivamente, como, respectivamente, en la diestra del partido y en la parte baja del cortado. También está el acero, que es el gris, pero en este libro no se ilustra.
Hay dos tipos de forros: los armiños y los veros. Acabo de intentar explicarlo pero lo borré porque encontré más fácil poner la referencia del glosario:

Forros: Se dividen en armiños y veros. Se denomina armiño al campo blanco sembrado de manchitas negras que rodea al escudo; y veros, a las copas o vasos en formas de campanitas disgregadas sobre un campo blanco. Si las manchitas son blancas sobre campo negro se denomina contraarmiño, y contraveros, cuando las bases de las campanitas están unidas entre sí.

Por último, las piezas honorables. Son partes del campo, dibujos que no representan objeto alguno. Estos pedazos rojos tan mal escaneados (mea culpa y mea pereza de corregirlo o intentarlo de nuevo):

Piezas honorables

Éstas son la piezas honorables de primer orden. Alteraciones homotéticas de ellas son las piezas de segundo orden. Insisto, viva la perla, la orla se ve muy bien, y el escusón es un excelente truco para desafear un cuartelado en cruz; y es que todo el mundo cuartela en cruz su escudo personal, cuando le da por inventar uno. Observen la banda y la barra; la conocida banda presidencial se llama así por la orientación que lleva; si un analfabeta osase ponérsela al revés, le quedaría una barra presidencial, como la barra que separa enlaces internos en las direcciones URL.

Disculparéis que casi no publico de nuevo, pero al principio digo qué me ocupó los primeros días, y los demás, he de confesarlo, he estado distraído en otras cosas, fundamentalmente viendo todos los capítulos de Ranma ½, aquella serie de anime del muchacho que se vuelve muchacha; ya me faltan como dieciocho capítulos para acabar la séptima y última temporada. Lo que logra en vacaciones un desocupado con certificación… Y como he decidido coger de costumbre, adelanto la próxima entrada. Será sobre un cuento de Michael Ende con el que tengo una tarea pendiente, y esta enunciación me ha de servir como impelente para cumplirla.

jueves, 11 de junio de 2009

Bienvenidos a Tequia

Cuando a mi padre, a sus ocho años, el cura de Pacho (su pueblo de nacimiento, en Cundinamarca), le hizo la extraña pregunta «¿Y cuándo grande, qué es lo que más te gustaría tener?», él respondió de inmediato, como acto reflejo: «Una biblioteca.»

Esto hay que verlo teniendo en cuenta que su madre era analfabeta y su padre un barbero tosco que apenas si leía un poco del periódico. Tampoco quiero pintar el cuadro del conmovedor niño pobre, que ya bastante gastado está y feo se ve. La cuestión es que este hombre decidió desde muy pequeño, y con gran convicción, que cuando grande tendría una biblioteca. Y vaya que lo logró. Si en español hubiera gerundivo, se lo aplicaría a “loar” con esta colección como sujeto. Esta colección que me rodea: un poco más de cinco mil volúmenes repartidos ordenadamente en los muros de este apartamento. Por ejemplo, a mi izquierda está una estantería, del piso al techo, dedicada a la ciencia y a la filosofía de la ciencia, y un poco más hacia atrás la estantería de filosofía política y filosofía a secas. Otro poco más atrás, lógica y libros generales de filosofía. Y enfrente de ello, esta belleza:

Colecciones

El estante de colecciones, acompañado de un equipo de sonido; hay ahí también diccionarios, libros de arte y otros libros grandes que no quedan bien en otra parte. Por ejemplo, está el DRIC (Diccionario de Rarezas, Inverosimilitudes y Curiosidades), al que al fin le he dedicado una entrada completa —es ese cafecito justo a la derecha de las mecedoras—. O está, como puede verse, la Historia Universal del Arte; ese grupito de libros blancos con imágenes coloridas y bandas doradas en los lomos. Opuesto a la colección blanca, ese libro negro con letras brillantes es una Biblia: la Biblia que ha de tener una casa de ateos. La colección roja de la derecha, la que va con dorado, es una colección de literatura universal distribuida por países. Y arriba, a diestra y siniestra, esos libros azules son la colección editada por Orbis de los premios Nobel de Literatura, que no cabe toda ahí y se termina en otro rincón.

También existe un apacible rincón, perfecto para balancearse durante horas, rodeado de literatura originalmente escrita en: griego, latín, y lenguas romances: italiano, francés, español, portugués y rumano (y en mi cuarto hay una buena cantidad de libros en rumano, que aún no puedo leer, pero lo lograré pronto), todo organizado según el apellido del autor. Además de la vista. Os muestro:

Columpio

A la izquierda, al pie de la lámpara, hay dos ediciones de Rojo y negro; lo terminé de leer hace unas pocas semanas. Sobre la mesita hay: unos prismáticos (la cajita roja) con los que jamás he podido encontrar a la vecina sexy desvistiéndose, un tablero de ajedrez, los Cuentos completos de Germán Espinosa y ese arrume de recortes de periódicos, que es una colección de caricaturas de Quino. La fotografía es obra de mi hermana Laurita. Ahora, ahí detrás del sofá, junto al columpio, hay una hamaca.

Ya en el pasillo de las habitaciones, aparecen cuatro estanterías del piso al techo dedicadas a:

La primera, otro bloque de ciencia, éste con cosas más específicas, que el anterior es sobre cuestiones más filosóficas o históricas (verbigracia Los elementos de Euclides o los Principia Mathematica); en esta misma estantería sigue un bloque de psicología y psicoanálisis, después educación, y luego antropología (entre la que hay otras cuatro Biblias, en español, inglés, francés e italiano, además de El Corán, El libro de los muertos y similares), para terminar con unos pocos libros (creo que todos de este mismo grupo) que falta organizar.

La segunda, economía, política, sociología, libros sobre Colombia, historia (organizada cronológicamente), lingüística, y al final un bloque dedicado a novelas policíacas y de ciencia ficción (que, como sabemos, debería ser “ficción científica”).

La tercera, literatura originalmente escrita en lengua inglesa, en orden alfabético, que ocupa casi todo, más unos cuantos libros de música y unas cuantas biografías.

La cuarta, finalmente, literatura originalmente escrita en alemán y lenguas eslavas: checo, serbio, polaco y ruso. Aquí mismo, antes de la literatura en lenguas orientales, hay unos cuantos libros que son antologías de diferentes autores de diferentes partes del mundo y algunos libros originalmente escritos en otras lenguas occidentales, como las urálicas (finés, noruego,…). Y después de la literatura en lenguas orientales –chino, árabe, bengalí, japonés, y otros, creo– se completa lo de música y se completan las biografías (ordenadas según protagonista).

En la mayoría de los bloques de “escrito originalmente en lengua x” hay también, comenzando o cerrando, algunos libros “sobre la lengua x”, generalmente cursillos.

Hay un estante de libros infantiles, que yo considero que deberían ser puestos en su lugar según autor y lengua de origen, como lo están, por ejemplo, Los mejores cuentos de Michael Ende, a los cuales les dedicaré también una entrada exclusiva. Hay además paquetes de revistas y otras cosillas por ahí. No puedo decir todo lo que hay porque yo mismo no lo conozco y hasta me he levantado varias veces a mirar en qué orden debía escribir lo que he enlistado ahora. A veces voy simplemente caminando por ahí, algún título que nunca había visto me llama la atención, ¡y a leer!

Al parecer ninguno de los libros aquí presentes es de mala calidad en cuanto al contenido, salvo, debo confesarlo, un Maktub de Paulo Coelho que salió en pareja con El alquimista (que me pareció algo aceptable) cuando lo compramos porque yo lo necesitaba para el colegio. Y prácticamente todos los ejemplares llevan la firma de mi padre. Cuando alguno no la lleva, yo rubrico.

Además de libros, hay una buena colección de música organizada en un bonito mueble producto del bricolaje comercial, un mueble dedicado a óperas, hay buenas películas, y, teneos fuerte, dos carriles de casi metro y medio con discos de acetato, un total de setecientos sesenta y siete elepés. Para reproducirlos, hay ahora en la sala un equipo de sonido con tocadiscos... al que le falta la aguja.

Bienvenidos, cómo no, a Tequia, que es el nombre que le doy a esta colección de colecciones, por deducibles razones helénicas. Muchos ya sabéis donde se encuentra, y los que no (por cuestiones de seguridad), preguntad a quien creáis que sepa, que muy seguramente lo sabrá. Aquí os espero. No hay catálogo, no hay plazo límite para préstamos, ni hay multas. Pero cuidado con incitarme a comenzar a tomar esas medidas. Y, desde luego, hay libros que no deben salir de este lugar: la biblioteca es completamente pública mientras los libros se mantengan adentro; si salen, pasan a ser propiedad privada y han de ser devueltos a la brevedad de su lectura.

Hay otro libro fuera del puesto: Banderas y escudos del mundo; se encuentra frente a mí, listo para continuar conmigo la entrada anterior, que quedó a medias. Tendréis lo que sigue para la próxima ocasión. Y de nuevo, aquí os espero, con todas las ganas de leer que podáis traer.

martes, 9 de junio de 2009

Me escudo en mi inutilidad

¿Para qué sirve saberse todas las capitales del mundo? La respuesta me la dio Milan Kundera en La lentitud. Para no quedar en ridículo. Parte de la historia se desarrolla en medio de una convención de entomólogos, y en un momento dado uno de los asistentes comenta la ponencia de un científico checo con lo siguiente (recorté un poco el texto para mostrar sólo lo que enuncio; traducción del francés por Beatriz de Moura):

—Me ha conmovido mucho su… testimonio. Tendemos a olvidar demasiado de prisa. Me afectó mucho lo que ocurría en su país. Usted es el orgullo de Europa.

El científico checo hace un vago gesto de protesta para dar cuenta de su modestia.

—No, no proteste —siguió Berck—, insisto en decírselo. Además –añade para dar a sus palabras un toque de familiaridad–, Budapest es una magnífica ciudad, viva y, permítame recalcarlo, del todo europea.

—Querrá usted decir Praga –dice tímidamente el científico checo…

¿Para qué sirve saberse los nombres de todas las estrellas que se ven desde la Tierra? Para conquistar en una noche con frases cursis como: «Mira, ésa es Regulus, la estrella alfa de Leo… Y esa otra es Rubkat, la estrella alfa de Sagitario. Tú eres Leo, yo Sagitario, y ambas estrellas comienzan con r, como el color rojo del corazón, como tu nombre, Raimunda, y como el mío...» He de hacer unas salvedades:

1. Soy libra, y no existe otra estrella alfa de constelación del zodiaco que comience por z.

2. Ojalá no se den las condiciones del ejemplo: haciendo repaso de nombres femeninos comenzados por r encontré cosas como Rubiela, Remedios, Rebeca,… Lo único bonito que encontré fue Rosa y Rocío. Pero me pareció más jocoso usar el abrupto Raimunda.

Bueno, y al fin y al cabo, esas dos cosas sirven para acumular dinero en programas de concurso. En cambio, ¿para qué carajo sirve saber de armería? No tengo idea, pero me fascina, y voy a mostraros un poco para que compartáis mi inutilidad. Con “armería” me refiero al conjunto de elementos que componen un escudo de armas, como los que usa cada país, o los que usaban los nobles, y que aún usan las familias que se creen de importancia; eso, y sus significados. Sólo que a mí poco me importa la parte de los significados, a mí me basta con los nombres y tendrá que bastaros eso también pues es todo lo que mostraré; el interesado en superficialidades semióticas (y viva la semiótica, pero en esto queda mal) puede bien averiguar por su cuenta. Utilicé la palabra “armería” porque puede resultar más familiar, pero es más común utilizar las palabras “heráldica” o “blasón” para referirse a esta… a esta sarta de nombres y figuras que algunos llaman disciplina y otros osan nominar arte.

Creo que ya me he llevado bastante en la introducción, así que presentaré unos cuantos datos iniciales y la promesa de la continuación de esta entrada, pero no creo que sea enseguida, que me gusta variar. Para comenzar, he de anunciar que estos conocimientos los tengo gracias a un librillo que descubrí en mi casa hace ya varios años llamado Banderas y escudos del mundo, editado por Editorial América S. A. en 1986 (sí, ya es viejito, aparecen Yugoslavia, dos Alemanias, y hasta la Unión Soviética). Es un librillo pequeño, organizado por países, y con la terminología correcta para estas cosas, por lo que existe, desde luego, un buen apartado inicial sobre este asunto. La autoría está distribuida entre dos Consejos, Editorial y Ejecutivo, de los cuales sólo presentaré las principales figuras por cuestiones de pereza: directora del Consejo Editorial: Doctora María Eloísa Álvarez del Real; presidente del Consejo Ejecutivo: Armando de Armas (padres bélicos).

Y ahora, las partes del escudo, que quedarán mejor ilustradas con una imagen y algunos comentarios puestos sobre ella:

Escudo

Timbre es el conjunto de adornos que brindan “grados de nobleza” al escudo.
La diferencia entre soportes y tenantes ha de quedar clara: éstos son seres humanos o humanoides (sirenas, ángeles, sátiros,…) y aquéllos son generalmente animales, o cualquier otra cosa que no caiga dentro de la categoría anterior.
La cinta de Colombia tiene un lema al revés, según mi opinión personal: debería decir “Orden y Libertad”, y no al contrario.
Esa cosita que casi no se distingue, el burelete, es una especie de corona como la de espinas de Jesús pero tiene pinta de estar hecha de tela fina, y suele llevar líneas diagonales que separan dos o más colores.
En muchos casos, los lambrequines consisten en plantas que se despliegan hacia los lados del escudo. Un recurso muy bonito, me parece a mí.
Ahora me pregunto por qué me gustaba tanto el escudo completo de Bélgica, con ese manto tan ostentoso; eso sí, tiene una frase sencilla y bonita en la cinta: “L’union fait la force”, que comparte con la cinta del escudo de Haití, bastante bello. Y con la de Bulgaria, pero en este libro no alcanza a aparecer ese escudo.

Para terminar por ahora, el campo del escudo (también llamado “escudo” a secas), tiene distintas formas, que son estas bellezas, sacadas de Wikipedia porque esta información desafortunadamente no está en el librillo:

Campos

1. Francés antiguo. 2. Francés moderno. 3. De damas. 4. De damiselas. 5. Estandarte. 6. Italiano. 7. Suizo. 8. Inglés. 9. Alemán. 10. Polaco. 11. Español.

El español también es el de Portugal y el de los flamencos. Personalmente prefiero el modelo suizo (y no porque sea el del escudo de Colombia que yo de nacionalista tengo lo que el campo alemán de simétrico: ni la punta, si os fijáis bien).

Salgo con tres promesas:

1. Este artículo será continuado.

2. Lo será con información exclusivamente extraída del libro Banderas y escudos del mundo, para que no suceda que publico en la red cosas tan públicas como lo conseguible en Wikipedia. (Os contaré por ejemplo qué pasaría si los presidentes se pusieran al revés sus bandas presidenciales.)

3. No será en la siguiente entrada, que estará dedicada a presentar el lugar en el que vivo. Cuando dije “un librillo que descubrí en mi casa”, no es porque haya rincones recónditos con libros curiosos (aunque sí que los hay), sino porque sucede con no escasa frecuencia que, caminando tranquilo verbigracia hacia el baño, me topo con un libro que jamás había visto, y que sin embargo siempre ha estado en su puesto.

viernes, 5 de junio de 2009

Sal yodada: mea culpa

Cuenta la leyenda que existían hace no mucho tiempo –y aún quedan algunos pocos– hombres y mujeres con cuellos prominentes que en algunos casos parecían ausentes y los más drásticos tenían mayor diámetro que la cabeza. Se le llama a estos individuos los "cotudos". Su aspecto se debía a una enfermedad hereditaria relativa a un órgano ubicado en el cuello que se inflamaba, y que además de crecer en sí mismo traía otra serie de problemas: fatiga constante y rápida; problemas de crecimiento que se daban en áreas selectas, cualesquiera, del cuerpo, o en todo; falta de apetito... La enfermedad consistía en que tal órgano, que era una glándula, segregaba menos sustancia de la que debería (era de otros el caso de que segregaba más). Mucho tiempo vivió la enfermedad sin ser caracterizada –sea la superstición divina el culpable–, hasta que, en el siglo decimonoveno, alguien la determinó y fue hallada su cura. El yodo. Se le aplicó esta sustancia al condimento más común, la sal, para prevenir el llamado "hipotiroidismo". Sin embargo, esto sólo previene en parte su desarrollo, mas no su obtención hereditaria. Entonces desarrollaron unas pastillas que deben ser tomadas todos los días en ayunas y debe hacerse un control periódico mediante exámenes de sangre para determinar el estado del proceso. Cierto día, uno de estos exámenes, aplicado a mi sangre, finalmente reveló normalidad.

Esto —en su versión más primitiva— lo escribí, precisamente, en la hoja que mostraba la normalidad como resultado de mi examen. Y hoy, precisamente, recibí los resultados del último examen, realizado con sangre del miércoles pasado, y que fue doble, para tiroides y glicemia; lo peor de que me hayan chuzado ambos brazos no fue el dolor, que es poco y ya estoy acostumbrado, sino, primero, que me pusieron sobre cada punzada una horrible curita de Shrek; y segundo, que cuando le pedí amablemente a la experta en perforaciones dérmicas que pusiera las respectivas virgulillas sobre mi nombre, me miró feo, tapó el bolígrafo enfáticamente y guardó el papel invitándome con la mirada a retirarme. García de la Concha y compañía le preparen una emboscada que incluya extracciones de sangre por goteo. En cuanto a los resultados: bien de glicemia, medida en miligramos por mililitro; bien de T4, medida en nanogramos por mililitro, y TSH sólo cero, veintitrés (0.23, según mi capricho de notación textual) unidades elevado. Las unidades de TSH son una cosa abreviada como mIU/mL, que significa claramente “unidades de algo por mililitro”. No tengo idea de qué es ese algo pero sé para qué sirve la hormona.

TSH es una sigla proveniente del inglés Thyroid-Stimulating Hormone, y se le conoce en español como “hormona estimulante de la tiroides” o “tirotropina”. Y resulta que yo produzco más de esa cosa de lo que debería. Pero no es muy grave, los niveles normales son entre cero, veintisiete y cuatro, veinte (con cifras significativas) unidades de esas, y lo tengo en cuatro, cuarenta y tres, sin contar que el examen anterior mostró tres, treinta y seis o algo así, y teniendo en cuenta que alguna vez, hace ya varios años, me salió uno con más de treinta y seis. A mi padre los primeros le salían por más de cien; eso sí es preocupante.

La cuestión es que esta hormona ayuda a que las tiroides funcione bien. Y la tiroides es a su vez una glándula ubicada justo tras la tráquea que segrega dos hormonas: tiroxina o tetrayodotironina (T4, la de mi problema) y triyodotironina (T3), ilustradas respectivamente a continuación:

TiroxinaTriyodotironina 

(Si alguien sabe qué significa el enlace ondulado en la representación de la T3, le agradecería que me contara, que yo no he podido determinarlo.) ¿Por qué, podrían preguntar los lectores, si produce más TSH, se le llama hipotiroidismo a la enfermedad? Porque este alto nivel de producción de TSH es consecuencia de la baja producción de T4. La TSH actúa como un arriero (uno respetuoso, que puya por el cuello) que impele el funcionamiento de la glándula tiroides. Y si la glándula tiroides funciona poco, el arriero ha de puyar más fuerte. Y eso siempre trae consecuencias no siempre agradables, como las siguientes:

1. La glándula se inflama, lo que conlleva a tener un cuello prominente y caer dentro de la categoría de los cotudos (a la que por fortuna no pertenezco).

2. Como la T4 es una hormona estimulante del crecimiento, y la TSH se encarga de la regularidad de este crecimiento, sus irregularidades generan deformaciones. (La única que me conozco es una leve torcedura de nariz hacia la izquierda que muy seguramente se debe a alguna otra clase de accidente; probablemente haya más, y yo he querido mantenerme ciego. Además poseo la envidiable cualidad de que por mucho que coma no engordo.)

3. La T4 también estimula la producción de energía, y una persona con hipotiroidismo se cansa rápido y suda bastante (y de esto sí soy desafortunada víctima, pero sólo mientras no consuma mi medicamento).

4. No puedo comer mucha sal, aunque no veo esto como una desventaja. Resulta que el medicamento me brinda todo el yodo necesario para la regulación de mi problema y si consumo mucho más puedo irme para el otro lado. Ya no hay sal no-yodada, y sí, es cierto, la sal tiene yodo gracias a gente enferma como yo, y por nada más.

El mencionado medicamento debo tomarlo en ayunas y debo esperar más o menos media hora para comer algo, lo primero debido a que el cuerpo debe estar en un estado de relajación máximo, y lo segundo debido a razones que desconozco pero que infiero. Por eso, si me levanto tarde, estoy condenado a llegar tarde a donde tenga que llegar; no me gusta salir sin desayunar, aunque me ha tocado hacerlo, claro. Sólo que hacer eso siendo estudiante de matemáticas es someterse al no entendimiento durante el tiempo que se pase sin comer. Respecto a la consecuencia número tres, alguna vez estuve sin medicamento un par de semanas por pereza de reclamar más, y no pasaba de las dos de la tarde sin estar quejándome de fatiga y apoyándome en cuanto poste consiguiera si estaba en la calle. Desde entonces soy más juicioso con esta cuestión.

No es cosa contagiosa, así que podéis acercaros a mí todo lo que el concepto de espacio personal permita. Y os dejo con la promesa de una entrada sobre escudos de armas que al parecer será dividida en dos porque ya comencé y me he llevado media página en la sola introducción.

martes, 2 de junio de 2009

Variedades

Prometo que la próxima entrada será sobre el hipotiroidismo. Es la razón por la cual, si me levanto tarde, no puedo permitirme alistarme en diez minutos y llegar a clase a tiempo. Sí, llegué tarde esta mañana. Media hora tarde. Pero por ahora el juego que había dicho.

La entrada de esta ocasión (no digo “de hoy” por cuestiones de posible falta de constancia en un futuro cercano) está dedicada a un juego que inventamos mis hermanos y yo hace ya varios años, y que logramos popularizar en el conjunto residencial que habitamos. Tiene el estilo de cogidas, escondidas, policías y ladrones,… ese tipo de juegos “de patio” que quien no haya jugado merece la deshonra. Sólo que este nuestro es un poco más complejo; y aclaro que “complejo” jamás significa “difícil”; complejo es algo que tiene varias partes. En este caso las “partes” son las reglas. No son demasiadas, pero son más que las usadas en los otros juegos mencionados. Pongámosle un poco de seriedad a esto, que no es que la requiera pero resulta más organizado y me divierto un poco.

Reseña Histórica

Todo comenzó hace muchos años (como nueve o diez) un día en que mis dos hermanos menores y yo nos encontrábamos en el apartamento y queríamos divertirnos de alguna manera como cualquier niño menor de once años. De algún lado salió la propuesta de que Manuel (mi hermano) y Adrián (yo) le dijéramos a Laurita (mi hermana, que se llama Laura, pero me acostumbré al diminutivo), cada uno, un animal. Ella elegía a alguno arbitrariamente y el correspondiente hermano perseguía a los otros dos a través de un recorrido que debía ser completado a salvo (entiéndase, sin ser cogido), y quien lo completara primero era el siguiente en decidir quién perseguía. Elemental. El juego recibía entonces el nombre “Animales”. Después la cosa se puso más interesante: el animal era dicho en secreto, lo que, inicialmente, con sólo tres jugadores, resultaba estúpido, pero con más gente genera la incertidumbre de no saber desde el principio quién persigue. Fuimos desarrollándolo hasta salir de los animales y abarcar cualquier categoría. Fue entonces, tal vez un poco más tarde, cuando el juego pasó a llamarse “Variedades”. Las reglas “modernas” son las que siguen.

Desarrollo

Una persona llamada juez, elegida por cualquier medio al estilo “piedra, papel o tijera” o el que sea, se sienta en un lugar denominado silla. El juez elige una categoría (plantas, ciudades, compositores,…) y un criterio de selección acorde con la categoría (la más duradera, la más lejana a París, el que más obras haya compuesto,…), y enuncia a los demás jugadores en voz alta únicamente la categoría. Cada jugador le dice en secreto un elemento de la categoría, y una vez todos los jugadores lo hayan hecho, el juez se levanta, todos se preparan para correr, y el juez enuncia el criterio de selección y el elemento elegido según éste. La persona que haya mencionado tal elemento debe intentar atrapar a todos los demás. Los otros deben completar un recorrido previamente determinado sin ser atrapados, y el primero que se siente por completo en la silla es el siguiente juez. Una persona que haya completado el recorrido y no se siente en la silla directamente (bien porque ya estaba ocupada, bien porque lo olvidó, bien porque la maniobra de evasión contra el perseguidor le obligó a hacerlo) ya no puede ser atrapada, pero no será el siguiente juez. Si nadie se sienta en la silla una vez todos hayan ora completado el recorrido, ora sido atrapados, el siguiente juez es quien perseguía. Y se repite la dinámica, como en cualquier “juego de patio”.

Observaciones

El juego es evidentemente más divertido en tanto más personas lo jueguen, en especial por las reglas respecto a la posible repetición de elementos. Si los jugadores son pocos (digamos menos de diez) y alguno dice al juez un elemento que ya haya sido dicho, el juez deberá pedirle que lo cambie hasta que diga uno nuevo. Si son bastantes, se puede permitir en cierta medida la repetición (eso será ya criterio de los jugadores) y saldrán a coger todos los que tengan que hacerlo. Obviamente, si se da el caso de que quien perseguía es el siguiente juez, algo hay que hacer para decidir quién queda.
Existe la figura del asisonto (alguien le puso ese nombre, creo que David Polanco, y así se quedó). Es una persona que se sienta detrás del juez y a quien éste le dice el criterio de selección que ha decidido usar. El asistonto tiene ciertas ventajas: no participa para coger, desde luego, y garantiza un poco más la imparcialidad del juez. La utilización de esta figura es opcional y su elección puede darse de cualquier forma.

Medallas

Alguna vez Daniel Páez (que jugaba bastante, y bastante bien) propuso algo llamado medallas, que aceptamos de entonces en adelante. Hay tres tipos de medallas, obviamente oro, plata y bronce. La medalla de bronce se consigue siendo juez tres veces seguidas. La medalla de plata se obtiene siendo juez cinco veces seguidas. Y la medalla de oro se adquiere… adivinad cómo… no, no son diez veces, eso es dos medallas de plata; se adquiere por la proeza de lograr ser juez por haber atrapado a todos los perseguidos.

Recomendaciones

Jugarlo, para comenzar. Alguna vez logramos reunir a unas cuarenta o más personas y jugamos entre todos. El juego tuvo bastante acogida en esa ocasión. Además, aprovechando que sois vosotros quienes os enteráis más directamente, os doy unos consejos más o menos obvios que sirven como estrategias de juego: elegid elementos promedio dentro de las categorías si queréis evitar salir a coger; o pedíos al asistonto, que no es puesto denigrante y también se evita quedar persiguiendo. Pueden hacerse juegos entre especialistas; por ejemplo, entre médicos pueden tomar la categoría “huesillos de la mano” o “glándulas”; entre biólogos “partes de la planta” u “órganos de los lepidópteros”; entre matemáticos yo propondría algo como “teoremas famosos” bajo el criterio “el de demostración más larga” o “contribuyentes al desarrollo del análisis” bajo el criterio “el más desocupado”. Cosas así. Divertíos mucho con esto, que yo ya lo he hecho harto y aún tengo ganas de más.

Para la próxima, enfermedades: «Lo elegí por la que recuerdo todas las mañanas, y sale a coger… ¡hipotiroidismo!»

lunes, 1 de junio de 2009

Y entonces aconteció que…

También se encuentra publicado, casi igual, en el anuario del colegio IPARM correspondiente a mi año de graduación: 2007. En tal edición la letra es bastante pequeña y el fondo es un cuadro de Carlos Jacanamijoy (Jardín de noche, con sus respectivos créditos de pie de foto), lo que hace que resulte más cómodo aprovecharse de lo que ahora procedo a hacer. Esta vez no será necesario proemio alguno, pues tendréis enfrente, precisamente, el proemio de todo. Escrito por mí para los comienzos del mudo, os presento los primeros párrafos del Jen Aküan. El primer capítulo lleva por título El Mundo, primer sitio del Sistema.

Por evolución nacerían una a una todas las criaturas, y entre todas las criaturas la más perfecta sería el hombre.

La mitad del mundo estaba entonces cubierta de nubes blancas, grandes nubes blancas, y estas nubes se separaban y producían grietas, y estas grietas dejaban pasar delgados haces de luz hacia la tierra, y los haces lo iluminaban todo. Pero la otra mitad del mundo estaba cubierta de nubes grises, densas nubes grises, y estas nubes lanzaban rayos, y estos rayos producían intensas llamas sobre la tierra, y las llamas lo iluminaban todo. Era todo esto un espectáculo hermoso, pero en ese tiempo no había criaturas que así pudiesen considerarlo, pues los seres que sabían lo que veían y podían juzgarlo aún no existían; sólo existían los que no veían, y los que veían sólo para sobrevivir.

Entonces apareció el hombre. Pocos hombres en la mitad blanca, pocos hombres en la mitad gris, y entre estos hombres estaban los futuros creadores del Sistema. Y los hombres vieron esto y concibieron la belleza. Entonces los hombres descubrieron que podían comunicarse, y comenzaron a hacerlo, primero a través de su pensamiento; cada uno creaba una idea para cada cosa, y cada cosa se identificaría con una idea, que para todos sería igual. Pero no solo podían transmitir ideas, podían también cambiar las cosas, cambiar los pensamientos, cambiar las formas, crear nuevas cosas, eliminar las ya existentes, mover las cosas, todo esto, y más, con solo pensar, y muchos quisieron aprovecharse de ello. Muchos murieron, porque no sabían usar sus poderes, y modificaban sus cuerpos sin poder volver a ser como eran, porque nadie se conoce por completo, y menos aún su cuerpo. Pero había dos hombres que querían aprender a utilizar estos poderes, dos hombres que comenzaron a descubrir que nadie se interesaba por ellos, que nadie los veía como un don dado a esta especie única, que nadie se percataba de que había otras criaturas, y de que esas criaturas no poseían esos dones. Entonces cada uno se apartó por su lado, entrenó sus habilidades, y llegaron a tener mucho poder. También quisieron ser nombrados, y cada uno se hizo llamar de una forma distinta: el que provenía de la mitad blanca tomó el nombre de Déidos, y el que provenía de la mitad gris se nombró Démono.

Y con el tiempo, los dos climas iniciales del mundo chocaron, y el mundo rotó sobre su eje descubriendo otras partes a la luz, y sucedieron grandes alteraciones en los terrenos, y se generaron muy diversos paisajes, muchos temibles, muchos hermosos, pero todos juzgables de aspecto, porque el hombre poseía la facultad del juicio.

Recorrieron el mundo, y entonces se encontraron y se sensaron, y descubrieron que ambos tenían los mismos propósitos. Entonces se juntaron, y uno de ellos, el que provenía de la mitad blanca del mundo, dijo: “Debemos hacer que todo hombre pierda sus poderes, y que sólo aquellos que realmente lo merezcan, como nosotros, lo obtengan como premio. Para ello debemos recorrer el mundo, eliminando poco a poco los poderes, creando seres que hagan el trabajo por nosotros, pues nosotros somos los únicos con la habilidad para hacerlo. Pero debemos también cuidar de que nuestros cuerpos continúen existentes y sanos por mucho tiempo, ya has visto cómo quienes no cambian de cuerpo son afectados por enfermedades; salvemos, pues, nuestros cuerpos y diseñemos también diminutas criaturas cuyo oficio sea el de limpiarlos y evitar así que los males del cuerpo terminen con nuestra existencia. Ahora emprendamos la marcha, y que todos los hombres queden despojados de la hechicería.” Pero el pensamiento de aquel de la mitad gris, aunque en gran parte acorde con el de Déidos, abarcaba una idea más: el equilibrio, y de la siguiente forma se expresó: “Acepto tu propuesta, Déidos, compañero de pensamiento, pues me ha parecido sensata tu idea; mas tengo yo un pensamiento que hará que los hombres tengan más posibilidad de obtener poder. Durante mi aislamiento de los hombres, en el que dediqué mucho tiempo a pensar en el uso de la hechicería, también pensé en aquello que me había permitido razonar sobre esto, y me di cuenta de que era el equilibrio, la bondad y la maldad que albergaba entre mi conocimiento y pensamiento, el daño que propongo hacer a los hombres cuando quiero, y al mismo tiempo el bienestar que les quiero producir. Tanto en uno como en otro concepto pensé también, y al descubrir que los poseía ambos, en medidas similares, respondí mi propia pregunta, y así supe que el equilibrio es lo que permite a los hombres reflexionar sobre las cosas que poseen y que no, y sobre las cosas que les rodean. Quiero, Déidos, que produzcamos ese equilibrio en los hombres, en todos los hombres. Quiero que cada vez que sensemos en algún hombre mucha intención de hacer daño a los demás, o a sí mismo, afectemos su vida para que reconsidere y se aprecie, y aprecie a sus semejantes. Y que cada vez que sensemos en algún hombre mucha intención de hacer bien a los demás, o a sí mismo, hagamos que piense y recoja en su mente algo de maldad. Quiero que todos los hombres estén equilibrados. Y para ello debemos recorrer el mundo, tú ya lo has propuesto.”

Y comenzaron. Implantaron en sus cuerpos criaturillas minúsculas, y así quedaron protegidos contra los males del cuerpo. Se repartieron el mundo para cumplir con su acuerdo. Como ayudantes para eliminar la hechicería crearon a los trasgos, unas criaturas con el único poder de quitar poderes, y a quienes dieron una mínima inteligencia; los trasgos fueron creados a partir de hombres, deteriorando sus cuerpos y sus cerebros hasta finalmente poderlos controlar. Pero la creación de los trasgos estaba acabando con más hombres, así que se decidieron a observar cómo hacían las demás criaturas para reproducirse, ya que no poseían la capacidad de crear nuevas criaturas. Además, las criaturas que los hombres creaban nacían en extremo imperfectas, pues no sabían hacer cuerpos. Descubrieron el sexo, y enseñaron a los pocos hombres con cuerpo a reproducirse. Les despojaron de todos los poderes, para dejarlos únicamente con aquello que la naturaleza daba a todas las demás criaturas: un cuerpo, y con aquello único de su especie que les permitía entender y en un futuro lograr el pensamiento necesario para recuperar su naturaleza: la razón.

Entonces los hombres se vieron obligados a comunicarse de otra forma, porque ahora no tenían la comunicación mental, de la que la mayoría de las demás criaturas carecen. Pero poseían una lengua, y la capacidad de articular sonidos, entonces Déidos y Démono inventaron para ellos un lenguaje con el cual nombrar las cosas y los pensamientos. Y todos los hombres, ya despojados de la hechicería, pudieron sobrevivir y procrearse, hasta que la hechicería fue olvidada casi por completo…

Habrase notado el intento por imitar el estilo bíblico, también utilizado en El Silmarillion, y en otros tantos libros de creación. Hago de una vez anuncio de la próxima entrada: no será un texto, sino un juego. Un viejo juego que inventamos con mis hermanos y que terminó gustándome mucho. Ahora mismo quisiera jugarlo, pero necesito por lo menos unas cuatro personas más para ponerlo interesante. Además es tarde, y tengo clase de análisis matemático a las siete de la mañana.